Cultura

La fe en un poder superior | Adán Echeverria

Vergonzoso es jugar con el dolor humano, Gustavo lo sabía, por eso cuando Reinier le contó sobre las conferencias de la gnosis, accedió a acompañarlo y olvidarse para siempre que había sido bautizado en el seno de la iglesia católica, sin su consentimiento.

 

Se conocían desde la secundaria, y para el bachillerato se sabían genios que podían aspirar a vivir como quisieran en una sociedad que aborrecían. La sociedad de los fantasmas ecuménicos, dijeron con algo más que desprecio.

 

Juntos se matricularon en las carreras de ingeniería civil, química, biología, derecho, habían pasado los exámenes de admisión en varias universidades y con todo, decidieron abandonar los estudios, nada les llenaba el espíritu. ¡Esos parásitos del sistema!, decían a coro.

 

La gnosis los atrapó. Fueron los libros de Samael Aun Weor, el maestro que había encarnado al Cristo; que podía viajar a otras dimensiones sensoriales, abandonar su cuerpo, bajar a los infiernos, revisar el conocimiento almacenado por la humanidad en archivos teosofales, ocultos por la miseria de una humanidad. Se sintieron parte de algo. 

 

Reinier y Gustavo eran conscientes del desarrollo espiritual basado en el conocimiento, pero sus tesis y propuestas dejaban mucho que desear a los que los conocíamos. La familia sentía lástima por ellos, por los vagos eternamente inconformes hasta el aburrimiento.

 

Coincidí con ellos en una fiesta, hablaban sobre el conocimiento y la forma en que la gnosis se encargaba de administrarlo. No sé ni cómo la plática derivó en un primo homosexual que Gustavo y yo teníamos en común. Gustavo lanzó una apología extrema, dejando a Reinier pensativo y escuchando con recelo. Los movimientos de Gustavo eran violentos, buscando despedazar la imagen que teníamos de este familiar que había decidido abrazar la diversidad sexual y explorarla sin tapujos.

 

― Animales, no son más que una aberración.

 

― Es tu primo…― solté avergonzado.

 

― Está muerto para mí. Es un aborto de la naturaleza. 

 

Con el eco de la última letra pronunciada aún en el aire, Reinier se levantó y se alejó de la mesa. A punto de salir a la calle, Gustavo le llamó extrañado de que se fuera sin despedirse. Reinier, sin voltear siquiera el rostro hacia los que permanecíamos en la mesa, dijo: Es un error, pero yo te amo Gustavo, y salió a la calle.

 

El silencio se amplió, y las palabras de Reinier con lentitud viajaron hacia la mesa donde departíamos. Un petrificado Gustavo apenas logró apretar los dientes.

 

 

Adán Echeverria (Mérida, Yucatán, (1975). Doctor en Ciencias Marinas. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía “ ropero del suicida” (2002), “Delirios de hombre ave” (2004), “Xenankó” (2005), “La sonrisa del insecto” (2008), “Tremévolo” (2009), “La confusión creciente de la alcantarilla” (2011), “En espera de la noche” (2015); los libros de cuentos “Fuga de memorias” (2006) y “Compañeros todos” (2015) y las novelas “Arena” (2009) y “Seremos tumba” (2011). En literatura infantil ha publicado “Las sombras de Fabián” (2014), cuento ilustrado por Steffy Burgos.

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