ANO 8 Edição 90 - Março 2020 INÍCIO contactos

Omar Castillo


La metáfora, magma en erupción en los poemas de Rafael Patiño    

(Rafael Patiño)

 

 

 En los apartados que componen este texto persigo el itinerario propuesto por el poeta Rafael Patiño (Medellín, 1947), a través de sus libros Clavecín erótico (Edición de autor, 1983), El tras-ego del trasgo, o de las nueces astutas del desastre (Universidad Pedagógica de Bogotá, 1980), Libro del colmo de luna (Edición de autor, 1986) y Canto del extravío (Edición de autor, 1990), buscando esclarecer las vetas por las cuales el poeta aprehende las palabras para la escritura de los poemas que los componen y en los cuales vislumbra y explora el amor y en él, la escisión que limita su ser revelador, su ser subversivo. Acto que realiza en su escritura un umbral desde donde allanar las vivencias del amor en su encarnación erótica. Inicio celebrado con palabras instigando como un arco cuando se tensa ante su blanco y en este caso, ante el reto de alcanzar las analogías que dan con las metáforas en las cuales enraizar la realidad. En esta poesía la imaginería que la cunde se establece en destellos intensos y arduos, evidenciando la maestría del poeta, el conocimiento sobre cada una de las palabras obtenidas para su escritu­ra, haciéndolas un todo en diáspora de poemas imborrables. Así, sus libros son ínsulas inextinguibles, la obra de un poeta que no teme impactar sus sueños en la realidad. El ritmo ejercido por esta escritura poética, lo da el filo del eco de las palabras cuando penetran la otredad y la membrana del fuego hasta la empuñadura misma de la realidad. En la voz de este poeta hablan dos infancias: la del hombre y la del origen que agolpado en él, busca una escritura para restallarse en lo cotidiano. Por ello en estos poemas cada palabra escarba, nombra y penetra ambas infancias. Palabras eslabón a la fragua que origina y realiza la imagen: la araña pendiendo de su hilo, el pez petrificado dibujando la roca, el hombre que esculpe en el estampido de su origen.

 

 

 

 

 

 

I

 

Clavecín erótico está compuesto por poemas escritos casi todos en la década de 1970, de los cuales muchos salieron publicados en revistas y periódicos impresos, y puede decirse que este es el primer libro de Rafael Patiño, si bien su primera edición no se dio hasta 1983, cuando el poeta los revisó y publicó. En la escritura de este libro las palabras parecen recogerse en un espejo (que terminará siendo el poema), donde son auscultadas, desarmadas y armadas según el poeta, quien verifica los perfiles posibles desde los cuales propone sus imágenes o la decons­trucción de las mismas, tal como resulta evidente en el poema “Madama musiquela”:

 

“Madama Musiquela haciolada dalo tardo
Entro al-mizcla-Do dulz-ay-no!
Carcaj-é voz-queja el Bosco
Lo-mas-si-mi-ésquina
Albor-ni-zo-bar-ni-zo
Ser-vez-ah! ¡Pu-ed-oh!”

 

 

 

En su silabización, estas palabras-imágenes proponen versos de sentidos e instintos tramados y vividos en el poema mismo, haciéndose así territorio donde fundar vías de interpretación para su dibujo poético. Son palabras-imágenes vueltas versos que quedan girando en la elíptica de la página en formas mutables, ofreciéndose en una escritura desmembrada, casi sin anécdota, imantando otra realidad, proponiendo una manera diferente de realizarse en ella.

 

En la obra poética de Rafael Patiño, Clavecín erótico no es el libro del amor como exorcismo y revelación, tal realización se presentará como hecho significante y lustral en Canto del extravío. Clavecín erótico es el libro de la ruptura, del experimento donde se interroga la constelación sensual del cuerpo poético fisurado en cortos y largos versos, estancias en sintaxis evolucionando hasta la quebrazón voluptuosa de los circuitos que fijan las palabras como patrones de conducta. Miremos otro de sus poemas: “Mi dama en pez”:

 

“Pez perisodáctilo
En la bota que dobla y tripla el ijar de la tarde

 

Pez penúltimo pliega llovizna
Pez minuto tangencial insomne
Pez de base ungulada en tú

 

Mi dama y yo levantamos
el primer párpado del pez
y nadamos

 

Mi dama nada por entre la dulce mugre
del muro de la luz
Y yo le digo que baje
De mi aleta caudal
a la glucosa

 

Mi dama y yo por entre el Fahrenheit menor
en lentas cámaras eróticas
cuando mi pez nada en la boca de su pez
cuerdas arriba del humo”. 

 

 

 

Entre el cuerpo gozado y el cuerpo de la página se ejerce la escritura del poema, y es ahí cuando el poeta inicia la demolición del estigma usurero que lo domestica. Entonces, en tonos de fiebre, Clavecín erótico es un fresco donde se entrevé un forcejeo de cuerpos y de elementos comportándose en estancias que elaboran y hacen posible el poema, igual a un cristal fracturado donde las escamas engastan, bruñen sin compactar la figura en su movimiento: “La ira asciende en ebrios gansos por la espuma / pasamanos alambrados tu voz toman”.

 

 

 

 

 

 

II

 

Publicado en diciembre de 1980, El tras-ego del trasgo, o de las nueces astutas del desastre es un libro en embrión, ni abortado ni concluida su gestación, y he ahí la opción que lo caracteriza: ser cantera de sensaciones e instintos, de analogías donde perfilar e indagar para nombrar imágenes y construir un mundo que permita aprehender la realidad y sus sucedáneos. Estos textos son el ensayo instrumental, entendiendo la palabra como instrumento de estrofas en forma de nubes de ostras explorando, del iracundo cuando desciende a la membrana del fuego e irradia su contento, del que hace sonar los cráneos acumulados en el mar, del pez en mampostería. Cantera disponible a la que el poeta volverá una y otra vez en la búsqueda de materia viva para la escritura de sus siguientes libros:

 

“Detrás del catalejo
solo queda la historia;
gruñe el cochino facocero
y su chatarra es un ejército de estupros.
[…]
El rumor cefalópodo de los recuerdos
acuña la peor moneda:
La añoranza de ser
la boca desdentada de una luna,
la infernal caducidad del hielo”.

 

 

 

 

 

 

 

III

 

Libro del colmo de luna publicado en 1986. En este libro asistimos al empleo y perfeccionamiento hecho por el poeta de las labraduras que su atento ver ha integrado a su mirada sobre la realidad y sus confines imaginarios. Labraduras estableciéndose en una escritura persistente, realizada con el coraje de quien despierta en la acústica del sol y, de súbito, es asediado por la artera cotidianidad al uso que le increpa con la intención de ensordecerlo, anularlo, adecuarlo a la costumbre como un ojal al botón. Esta tensión es visible en la escritura de los poemas que componen el Libro del colmo de luna, y en ella el poeta consigue aprehender palabras y sacarlas del asignamiento doméstico que les ha sido impuesto y, a través de analogías inauditas, las aproxima por imágenes en metáforas donde convoca al esclarecimiento de la otredad, a la rebelión de la realidad. Es cuando por sus palabras se moviliza una escritura hecha lava en Baladas de arduo linaje y en Danzas al final del tiempo, mientras se precipita el cenit del sol en el mar:

 

“¡Venid!
Todas las magias
Todas las tuercas de todas las máquinas,
Todos los sueños color malva
De mi cabeza reducida en un caldero.

 

Pirámides, flor cubierta de insectos,
Boca que convoco
Para calmar la urgencia del deseo”.

 

“Agua de cornamusa, voz de arabesco, / óseo árbol colmado de recuerdos, // aquí estaba tu boca, / En el remolino de mosaicos / posaba la uva del baile”. En el Libro del colmo de luna, el dibujo erótico amoroso se va realizando en cada poema como un tejido que se entrecruza con los otros temas involucrados, conformando así un coro cuyo relato murmura por la piel las caricias de quienes buscan la revelación del amor, en una escritura practicada desde el caudal del lenguaje, río que en su movimiento compacta y suelta sus raíces en la superficie de la página. Este caudal del lenguaje también se hace evidente en la danza, en el cuerpo de quien con sus movimientos la escribe:

 

“Entonces
El bailarín que danza en nuestro adentro
Restó importancia al sistema decimal del ahogado
Y en la casa de la ausencia
Un amor fulminante
Poseyó nuestros cuerpos”.

 

La danza es ruptura cuando alcanza el pasaje que comunica con el origen. La danza teje el diálogo entre estrellas y galaxias donde yacen y son pronunciados los más antiguos nombres y actos. La danza convoca a la disertación de los cuerpos aunados por la pronunciación del mar. Quien danza adorna su piel con la sustancia de sus sueños, hace de su piel la ruta, el abecedario, el paisaje de un tatuaje múltiple que le invade y regocija. Quien danza se aproxima al signo, a su desciframiento. Danzar es resolver la ecuación estéril, la árida faz que atrae y anula, expulsa y dispersa. Es aprehender para el poema las brasas-vueltas-analogías-metáforas en su incesante y candente aparición.

 

 

 

 

 

  

IV

 

Canto del extravío, libro publicado en abril de 1990. Su índice divide en tres partes los tiempos y el ritmo que moviliza el poeta en su escritura. La primera inserta las cifras vivenciadas al adentrarse en el “Corazón de lo atroz”. La segunda es su rotunda inconformidad con la realidad que lo entraña y configura. La tercera son las inserciones de quien se interna por el “Recuerdo futuro con nube de ostras”. En Canto del extravío, el poeta consigue del lenguaje imágenes surcadas de imprevistos que detonan en su escritura sorprendiendo y dejando al lector en un vacío donde el beneficio de la catarsis casi desaparece. Y es en este vacío no catártico, donde el lector debe darse a la lectura de estos poemas. Iniciemos:

 

“¡Arder! ¡Arder! Alcanzar la abolición,
Relatora del odio, una voz hueca cava
Este gran hoyo de delirios donde soy
Verdugo y constelación de hidrofobia a la deriva”.

 

 

 

En este libro el poeta no niega la realidad, la impugna. Y la fuerza con la cual emplea y moviliza las palabras que le permiten elaborar las imágenes de sus versos y sus encabalgamientos, va tejiendo una búsqueda azogada que estalla en el poema, al punto de volver al poeta un malabarista deslizándose por el filo vidrioso de la realidad, y al mismo tiempo en parte del público cuando celebra tal espectáculo, paradoja que en nuestros días caracteriza la estirpe y la existencia del poeta. Esa fuerza y la solvencia de las asociaciones usadas por el poeta para transgredir la domesticidad impuesta por quienes presumen dominar el mundo, es posible por las palabras aprehendidas por él para allanar lo indecible de la realidad.

 

“Bajé por la escalera de mis sueños ulcerados
[…]
Bajé por la ascensión invertida del agua
Hasta la escala jacobina donde simios gritones
[…]
Se apilaban con esfuerzo
En el espacio reducido del deseo”.

 

Aquí el poeta nos narra el abyecto y descendemos al “Corazón de lo atroz” por las hendiduras del miedo hasta encontrarnos con figuras malolientes, cuyos cuerpos se descomponen a la intemperie, arropados por la miserabilidad de quienes inventaron la caridad. Cuerpos extendiendo sus brazos como ganzúas al pie de construcciones donde se aloja el odio escarmentado. Tirada en los andenes la era civilizada se jacta hierática. Y en medio del fragor se pregunta el poeta “¿Para qué entonces, hablarnos de amor?”, agregando: “¡Cuántos monstruosos sueños esperaron / Junto a los pantanos / De ese palacio llamado amor!”. Mientras pernocta por los ecos del verbo donde el dogma del paraíso perdido aún informa sobre los dialectos del amor ardiendo en la piel: “Dame tus dulces lunas erizadas / Tribus de estrellas ya se agrupan / Para mirar el incendio del amor”.

 

“Tribus de estrellas” se reúnen para la danza en cuyo ritmo se esparce la piel buscando imantar el principio donde cunde la libido delirante del universo. En Canto del extravío sus poemas penetran e indagan la piel del amor, su escritura es un llamado a la desfamiliarización, a la transgresión del orden que lo domestica. ¿El cuerpo, centro arqueológico? El poeta excava en el cuerpo del amor, sabe que a mansalva la piedad ha sido establecida como límite para controlar el deseo y fraguar la sumisión a un destino donde la palabra no tiene poder revelador. Iniciar el amor, la plenitud de su deseo, es iniciar la revelación.

 

También es necesario decir cómo la poesía de Rafael Patiño se caracteriza por lo inaudito de su dibujo poético, por lo impetuoso de su ritmo, en cuya elaboración las palabras alcanzan un súbito analógico que hace crecer las metáforas, permitiéndole al poeta aprehender en el poema el magma de la escritura de la realidad. Entonces, en una tradición repentista como la que se estila en Colombia, la exégesis de la escritura de Rafael Patiño resulta de una coherencia y disciplina escasas. Y si en su obra poética son perceptibles tendencias que hicieron escuela en el siglo XX como el Surrealismo y el Expresionismo, estas fueron asimiladas por el poeta, permitiéndole amplificar su ser creador, la fuerza de sus poemas para poner al lector frente a la eclosión realizada en la realidad que nombran.

 

En 2006, Hombre Nuevo Editores imprime de Rafael Patiño su libro Ópera quinta, en el que el poeta revisa y reúne casi todos los poemas aquí tratados, más otros hasta entonces no recogidos en libro.

 

 

Omar Castillo, Medellín, Colombia 1958. Poeta, ensayista y narrador. Algunos de sus libros publicados son: Obra poética 2011-1980, Ediciones Pedal Fantasma (2011), Huella estampida, obra poética 2012-1980, el cual se abre con el inédito Imposible poema posible, y se adentra sobre los otros libros publicados por Omar Castillo en sus más de 30 años de creación poética, Ambrosía Editores (2012), Tres peras en la planicie desierta, Los Lares, Casa Editora (2018) y Limaduras del sol y otros poemas, Antología, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018). El libro de narraciones cortas Relatos instantáneos, Ediciones otras palabras (2010). Los libros de ensayos: En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, Editorial Pi (2014), Al filo del ojo, Fondo Editorial Ateneo (2018), una segunda edición ampliada de En la escritura de otros, ensayos sobre poesía hispanoamericana, ARC Edições, Editora Cintra, (Fortaleza, São Paulo, 2018) y Asedios, nueve poetas colombianos, Ambrosía Editores (2019). De 1984 a 1988 dirigió la Revista de poesía, cuento y ensayo otras palabras, de la que se publicaron 12 números. Y de 1991 a 2010, dirigió la Revista de poesía Interregno, de la que se publicaron 20 números. En 1985 fundó y dirigió, hasta 2010, Ediciones otras palabras. Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Poemas, ensayos, narraciones y artículos suyos son publicados en revistas y periódicos de Colombia y de otros países.
 
Contacto: om.castillo58@gmail.com

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EDVARD MUNCH, 'Der Schrei der Natur', 1893 | EDVARD MUNCH, 'Det Syke Barn', 1885-1886.


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