ANO 8 Edição 88 - Janeiro 2020 INÍCIO contactos

Alfonso Peña


20 años de “Agulha revista de cultura” y su imaginación desbordada…    

 

 

La “Aguja” que pincha en el fin de siglo

 

En la cabalgada final del siglo XX –en medio de premoniciones, avatares, letanías, susurros, y la ristra de sucesos acaecidos a lo largo de 99 “calendas”– surge la revista Agulha, editada en Fortaleza, Brasil y con alcance mundial gracias a aquello que se comenzaba a denominar Internet.

 

Recuerdo la mañana invernal en que encendí la PC y en la bandeja del correo me encontré con la Agulha. Seguro rezongué: ¡Qué maravilla!

 

En aquella época éramos “pesimistas y optimistas”, se argumentaba que Internet era el futuro de la humanidad, “el mundo feliz”. Se conversaba –se escribía– que la Red une y libera, favorece la equidad, es interactiva y todo el planeta tendrá las mismas oportunidades –incluidos los dictadores de twitter–.  En microsegundos el mensaje se despliega por el ciberespacio y llega lo mismo al Valle de Anáhuac, al Cairo y al Macizo Tamu.

 

¡Revolución digital!

 

Para adentrarse en el tránsito de Agulha revista de Cultura (http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com/)       considero que debemos regresar a mediados de los años ochenta y por medio de los engranajes memoriosos seguirle los pasos al poeta Floriano Martins. En aquellos días el poeta carence editaba el tabloide Resto do Mundo.  Su faena era al mejor estilo subversivo, contestatario. Apostilla Floriano:

 

Si, recuerdo ahora que fue algo fascinante la experiencia de realización del tabloide Resto do Mundo. Yo había trabajado en una impresora gráfica, de ese modo aprendí el oficio de diseñador, lo necesario para montar en mi casa la matriz de cada número del periódico. Era la aventura total: elegir los textos, traducir, revisar, montar… y luego llevar todo eso a las máquinas de impresión. Lo mejor: las máquinas eran de un amigo, Lauro Maciel, editor y gráfico, allí sacábamos cada edición sin costo, mientras tomábamos buena cerveza. Hasta hoy no sé por qué he dejado de publicar Resto do Mundo. Creo que la muerte de Sérgio Campos –el otro editor– fue decisiva. No recuerdo el tiraje de cada número, pero yo mismo cuidaba de su distribución, por correo común. Y llegaban cartas de todas partes, efecto mágico…

 

Del mismo modo el aeda colaboraba con gran intensidad en revistas y suplementos hispanoamericanos con sus ensayos, muestras poéticas, traducciones, indagaciones, producción plástica, entrevistas a poetas surrealistas y creadores latinoamericanos.  Era un desarrollo poético gráfico-visual infatigable, ya que el poeta integraba los materiales para sus proyectos venideros. Y desde temprana época su huella y su ímpetu destacaban en los diferentes contextos 

 

¡Somos revisteros! Es una sentencia que puede tener un sonido jocoso, hilarante, o simplemente divertido. Sin embargo está engarzado al argot de escritores, artistas, editores, diseñadores y lectores.  Somos de esa estirpe que explora e incursiona entre libros de viejo, en los sótanos plagados de musgo, buhardillas misteriosas, anaqueles añosos, siempre a la caza de esas joyitas impresas, con excelentes contenidos –¡No siempre!–, con tipografías audaces o viñetas y orlas que danzan entre las interlíneas y los espacios de los márgenes.

 

Hay que imaginarse a Floriano sumergido entre la revista Orígenes de Lezama Lima, El techo de la ballena, Eco, Vuelta, Plural, Casa de la luna, o las emblemáticas publicaciones de Thelma Nava, o por qué no el admirable Repertorio Americano, de Joaquín García Monge que precisamente está celebrando su centenario…

 

Como dice el bolero: “Ayer tuve un sueño” y en él estaba nuestro vate sumido en las páginas de La Mandrágora de Chile, y en el sueño de súbito estaban dos creadores manteniendo un diálogo inteligente y osado que después saldría editado en el libro “Escritura conquistada”, ¿Se trata de Floriano Martins con Enrique Gómez-Correa…?

 

Existen las “cofradías revisteras” constituidas de una fauna estridente y heterogénea, con colores, sabores, emociones, personajes, grupos, capillas, seres nostálgicos/aburridos, otros que se consideran a sí mismos pasajeros de un tranvía llamado “seriedad”. 

 

No obstante en la trama de editar una revista hay un anecdotario fabuloso, mítico, con giros lúdicos, reiteraciones monosilábicas, ejemplos monocordes.  Un poeta chapín de humor nocherniego era especialista en esas anécdotas, realidad o ficción, vaya a saber. Una vez en una sobremesa –por el Centro Histórico de CDMX– me expresó: –Al tomar un taxi en “Guate” el conductor me reconoció, me comentó que tenía todos los números de mi revista, me habló de los contenidos, me llevó hasta mi destino final, todo en medio de un parloteo locuaz, de repente me dijo: “Me alegraste el día”, “No te cobro”. 

 

En un festival revistero en La Habana Vieja, un editor uruguayo al escuchar mi disertación acicalada con ron cubano manifestó: “Te felicito que buenas ediciones hacen ustedes” –y apuntó con rostro tragicómico– “Mi revista es muy católica, sale cuando Dios quiere…” 

 

También hay sujetos que van de un lugar a otro y farfullan convites y asuntos intermitentes. Como un camarada errante que hablaba y siempre me invitaba a conocer sus revistas.  Después de la insistencia, acepté su invitación. De pronto estaba en una habitación saturada de revistas, libros, platos y botellas vacías de cerveza, etc. Mario –supongamos que ese es su nombre– me transmitió su pensamiento: “Trabajo para que mis ediciones contengan una estupenda calidad fotográfica en las imágenes…”, o “Me encanta la visualidad…”, hasta que no pude más y le manifesté: “Todo está muy agradable, pero quisiera ver tu revista…”, el sujeto que usaba grandes gafas me miró por debajo de los cristales, asintió y esgrimió una carpeta blanco sepia y farfulló: “Naranja sereno”, “Galatea y Herminio”, “Cristal ahumado…”, y depositó en mis manos un papel desigual y en el cual –con nerviosa caligrafía–  había varios títulos como los anteriores… No entendí del todo, después intuí que eran los títulos de las revistas por editar… ¡A correr!

 

 

 

 

 

 

Un adelantado cibernético…

 

Agulha Revista de Cultura fue lanzada al ciberespacio por el poeta Floriano Martins.  Desde la primera edición el número presentaba un sumario y una configuración precisa: ensayos, entrevistas, traducciones, crítica, muestra gráfica, y la innovación de que en la edición las lenguas portuguesa y española convivían como “fantásticos espadachines”. Por sus páginas virtuales se extendían temas relacionados con el surrealismo, la poesía hispanoamericana, chamanismo, la narrativa, la música, filosofía, la psicología, el arte contemporáneo, etc… 

 

Más tarde –sexta edición– se sumó a la revista el poeta paulista Claudio Willer. A lo largo de setenta números fue un colaborador profundo por su amplia cosmovisión, su vasta cultura y una amistad entrañable.

 

La regularidad de Agulha, es sorprendente.  Mes a mes la edición aparece como un “artefacto” extravagante en los ordenadores, y las diversas plataformas tecnológicas… Hace 20 años se estaba en la transición de las ediciones físicas a virtuales… Se iniciaba la disputa y el bamboleo verbal en relación con las frases de que lo virtual desplazaría a las ediciones en papel…  Aparecían los “libros electrónicos” como extraños juguetes rabiosos…  La fotografía digital y un sinnúmero de invenciones tecnológicas… 

 

Y el “artefacto” no ha cesado de mantenerse vigente y duradero.  El secreto de la revista se puede encontrar en la palabra parceria en portugués (complicidad, en español).

 

Agulha está entretejida de hilos amistosos, de texturas amorosas, de cálidos amaneceres y noches blancas.  De reciprocidades celestes y números monográficos, ediciones dedicadas a la familia poética universal, y al influjo de la Gran Fraternidad Surrealista. 

 

 En un texto reciente, Amirah Gazel, anotó: “…Agulha es una revista asombrosa, que se edita a la rapidez de corre caminos, dejando sin aliento a sus lectores, al aparecer a velocidades galopantes. Lo afectuoso y revoltoso es que está hecha de infinitas complicidades, de colaboradores sin fronteras, que la forman, y le dan forma.

 

Agulha, que para mí musicalmente me hace pensar a “gula” es verdaderamente “20 años de gula”, una voracidad de conocimiento, avidez de no dejar nada fuera, nada al azar, nada perdido en el camino, tratar de mencionarlo todo, aclararlo, dar a conocer, una glotonería surreal de sabores inconscientes digeridos o no, pero servidos de seguro en un festín mágico de apetito inagotable del saber.

 

Muy osada esta pandilla que hoy es orquestada por Floriano lanzándonos sin salvavidas en ese mar borrascoso como lo es la atmósfera de Internet. Y no perderse, gracias a la brújula escondida que tiene cada uno de nosotros los habitantes del fantástico movimiento surrealista.”.

 

 

Floriano Martins

 

 

 

 

 

 

Tentáculos poéticos…

 

Los vínculos tentaculares de Agulha son vastísimos.  A través de sus ediciones podemos realizar viajes fabulosos por las diversas culturas universales.  Con un solo “clic” dentro de su corpus virtual podemos navegar entre propuestas, caudales poéticos entre países, temas especializados difíciles de hallar entre la turbulenta “telaraña digital”.  Una buena experiencia es posicionarse dentro de la “aguja mágica” y dedicarle un par de horas a la búsqueda… Ir por ejemplo a la “Galería de revistas hispanoamericanas”, saltar al “Río de la memoria” y después pasar a “Los viajes del Surrealismo”…  Esto sin tomar en cuenta el grueso de las ediciones que frisa en su vigésimo aniversario alrededor de 200 ediciones…

 

La interacción y las parcerias  entre Agulha y Matérika es acción vivificante: producción e intercambio editorial, exposiciones de grabadores costarricenses/ brasileños, números monográficos, traducciones en ambos sentidos, muestras gráficas y poéticas, colaboración y fraternidad en las diversas manifestaciones…

 

Roberto Juarroz, apuntó con lucidez: “Uno de los mayores objetivos de la poesía es reunir las partes divididas del haz…”  Creo que esta relación alquímica ocurre con la revista brasileña. Hay una simbiosis efervescente. Una significación llena de libertad creativa.

 

En Agulha, la presencia de creadores, poetas, músicos, ensayistas, artistas visuales y gráficos costarricenses ha sido una constante desde los inicios de la publicación. De ese modo en la revista se puede consultar ediciones monográficas dedicadas al vigoroso “Grabado costarricense”,   o a la fulgurante creación de Eunice Odio. Hay importantes “muestras gráficas”, ensayos y entrevistas con el sello de consolidados creadores contemporáneos:  Max Jiménez, Paco Amighetti, Felo García, Paco Zúñiga, Ray Tico, Otto Apuy, Emilia Prieto, Tomás Saraví, Carmen Santos,  Bernal Ponce,  Alfonso Chase, Sila Chanto, Fabio Herrera,  Félix Arburola, Rafael Ángel Herra, Alberto Murillo, Florencia Urbina,  Amirah Gazel,  Mario Maffioli, Gerardo González,  entre otros…

 

Los diversos y óptimos festejos para conmemorar el Centenario Surrealista (1919-2019) se han desplegado por el orbe con la organización de exposiciones, cine, música, teatro, conferencias, charlas, performances, edición de libros y revistas. La pirotecnia global ha sido fastuosa, y con una vitalidad impresionante.  Desde el año anterior se comenzaron a divulgar estrategias, planeamientos, todo con una luminosidad extraordinaria. 

 

Por su parte Agulha adelantó una especie de temática o sumario para festejar el Centenario. Fue como un gran alarido del editor. Con la asistencia y el trabajo eficaz y comprometido del poeta Marcio Simões en las ediciones, supervisión de textos, y muchas veces traducciones y selección de pautas con otros colaboradores se organizó el festejo surrealista.

 

 El guion consiste en publicar dos ediciones mensuales dedicadas al surrealismo. Todo este trabajo ha conformado una especie de Bitácora extraordinaria del movimiento. De ese modo por las páginas de Agulha desfilan temas, propuestas, ediciones monográficas, muestras poéticas, muestras gráficas, encuestas, etc… Todo un desarrollo con una palpitación asombrosa.

 

Para diciembre, 2019, se anuncia un número de la revista –provocador y constructivo– que sondeará en su propio vértigo, su propia historia, su intensidad a ritmo de rueca poética y 20 asonancias como utopías simbólicas, transgresoras… ¡Viva Agulha!

 

ALFONSO PEÑA (San José, Costa Rica, 1951)
Narrador, poeta, editor, artista visual. A lo largo de un decenio (1980-1990) dirigió junto a un colectivo de artistas la revista de Arte y Literatura Andrómeda (33 números), que se distinguió en esos 10 años por publicar un ajustado panorama del arte y la literatura que se producía en el ámbito continental. Ha publicado libros de narrativa, poesía visual y sus Conversas, etc Algunos de sus volúmenes han sido vertidos al portugués y editados en Brasil por Arc Edições y Editora Cintra. En complicidad con Amirah Gazel, organizó la expo surrealista internacional Las llaves del deseo, Museo Municipal de Cartago/Biblioteca Nacional, San José, (2016) y está representada por el catálogo digital: http://agorart.org/las_llaves_del_deseo/es/inicio.html 
Dirige la revista Matérika  www.revistamaterika.com

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Revista InComunidade, Edição de Janeiro de 2019


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Colaboradores de Janeiro de 2019:

Henrique Dória, Adán Echeverría, Adelto Gonçalves, Adriano B. Espíndola Santos, Alfonso Peña, Amirah Gazel, Ana Romano, António de Miranda, Antônio Torres, Caio Junqueira Maciel, Carlos Matos Gomes, Casé Lontra Marques, Cecília Barreira, Clécio Branco, Delalves Costa, Deusa d’África, Eduardo A. A. Almeida; Fernando Sousa Andrade, Eliana Mora, Francisco Marcelino, Geronimo Lobo, Helena Mendes Pereira, Hermínio Prates, Inés Aráoz, Inés Legarreta ; Rolando Revagliatti, J. R. Spinoza, José Arrabal, José Manuel Teixeira da Silva, José Petrola, José Ricardo Nunes, Lahissane, Leila Míccolis, Luanna Belmont, Makely Ka, Marinho Lopes, Matheus Guménin Barreto, Moisés Cárdenas, Nicolas Behr, Otildo Justino Guido, Ricardo Alfaya, Ricardo Ramos Filho, Rosângela Vieira Rocha, Silas Correa Leite, Ulisses de Carvalho, Waldo Contreras López, Wil Prado


Foto de capa:

J. M. W. TURNER, 'Fishermen at sea', 1796. || FRANCISCO DE GOYA, 'La nevada', 1786-1787.


Paginação:

Nuno Baptista


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