ANO 8 Edição 88 - Janeiro 2020 INÍCIO contactos

Inés Aráoz


Poemas    

Barcos y Catedrales (oración por un caballo en el cerro de los linderos)

a Lucía Páez de la Torre, que no se contentó con llevarme al Cerro de los Linderos sino que aún me ayudó
a cargar esta piedra que estoy mirando, llena de resonancias

 

Hozadura en el paisaje, desde lejos; mucho más que eso, al llegar, eras más que un vestigio, eras la misma estirpe de lo rojo, fuego en ese instante quedo de silencio. No hablaré de ti –te dije. Estás aquí conmigo, Yo pequeña, para ti hablaré, espíritu de un caballo de pelaje colorado.

 

No es sangre la que no se ve. Te hablaré de sangre derrama- da, la de aquellos que con su sangre empavonaron –sangre accidental– los pavimentos de esta tierra (en los perros estoy pensando) y te hablaré también de aquellos que inervaron con sus propios huesos los bellos muros de casi todas las ciu- dades (en los hombres estoy pensando).

 

Barcos y Catedrales

 

(Patitas apuradas del amor, cunden por las piedras las voces sibilantes de las hormigas)


 

 

 

 

Y te hablaré de ellos porque me conmueve verte aquí, honra- do por las piedras y un silencio (y un silencio), aún subiendo hacia los linderos, tu pelaje casi intacto restallando locamente en el espacio claro, apenas un verdor de pastos ralos entre las piedras

 

Y esas aguas encharcadas, lechosas, acenizadas en la planicie suave y de bordes azulejos

 

(Bien cerca de él, aguas de hielo, estáticas las aguas, sin on- ditas, a pesar del viento y de los grandes tábanos que zumba- ban. De piedad las aguas, lo diré por una vez.)

 

Barcos y Catedrales

 

Un sueño tuve yo contigo. Los dioses arrojaban los cuerpos a un profundo pozo asimismo lujoso umbral. No era cruel el acto. Las partes del cuerpo que se rompieran eran las partes a reparar. De eternidad lo llamé a ese sueño, donde lo que nos parece ser efímero, es efímero.

 

En ese sueño una línea negra te cruzaba el lomo. Solo era un sueño, y tu vasadura negra, de lo mejor. Lo sé, un sueño, cómo imaginar el mundo laboratorio de genética.

 

Barcos y Catedrales.

 

(Locamente restallaba desde lejos. Me acerqué a mirarlo. Co- lorado su pelaje, descansada la actitud. Echado a un costado del camino, a unos 3000 metros de altitud. Los cascos blan- damente curvados hacia adentro, laxos, tiernos)

 

 

 

 

 

 

Vibra la roca para ti en un paisaje de roca gris, de piedras blancas y señales de sol en las micas claras y en las negras, acodada vermiculita de la piedra. Arriba, muy arriba en el más alto peñasco, en su filo, oteando quizás el vuelo, hay tres cóndores, quietos y alineados. De qué música, el reflejo. De qué cielo. Que mis ojos te vieran, que a la cámara de mis ojos te entraras (lo que la piedra esconde, el paso de lo efímero, las altas torres)

 

Barcos y Catedrales

 

Los dioses en mi sueño articulaban así la guerra ¿Babel pri- mero? ¡No! Ya los centauros, el Minotauro, ya fue ese punto en que se cruzaban barcos y catedrales, simbiosis de lo alto y de lo extenso, agujas del cielo ondeando en el mar

 

(En ascenso hacia los linderos)

 

No lo repitas, ya te oí: No son dos, una sola cosa hay y es el amor

 

(Y yo me estaba allí en silencio y como chicotes de otras eras pasaban ante mí los pavimentos de los perros y los bellos muros de los hombres y en los vestigios de ese cuerpo que fue un caballo vislumbré otra vez el orden prístino del universo.)
Barcos y Catedrales –pensé. Los cielos están cerca
Los cielos están cerca

 

 

 

 

 

 

¡Ah! Por fin sé que el mundo me ha herido El llanto del mundo…

 

Que alguien se abrazara al azote de un caballo

 

 

 

 

 

 

interlocutor distante

 

Quizás sea usted ese interlocutor distante a que me refie- ro. Ese interlocutor necesario y fantasmal, al mismo tiempo; el que nunca llega a serlo, que es solo su posibilidad y una posibilidad que se niega. La promesa de un oído que no llega a oír. Usted está y se produce a mi alrededor una suspen- sión de mi posibilidad, palabra y demás, suspensión que se levanta en el momento en que usted me deja, que pareciera ser el cruce exacto de la posibilidad y la imposibilidad: el um- bral profético de sus supersticiones formales. En ese preciso umbral –punto de nostalgia para mí, instante semimágico, eternidad,  digamos–  empieza  a  funcionar  el  interlocutor  y se levanta asimismo la suspensión, pero ya todo lenguaje es inaudible; usted se ha ido.

 

 

 

 

 

 

hf

 

a Hugo Foguet

 

I
Es un amor que no puede ser contado.
Es el amado en el centro del poema quizás, y su poder extraño, ni siquiera sol, ni siquiera Ulises.
Extranjero canto, meridiana y noche, distante y claro, convocando.
Y yo nada, mis cabos sueltos, mi fuerte mirada ya solo en el amado, en él disuelta,
yo nada.
No es un amor de pequeñas algarabías. Es una luna en llamas
–y tan sin peso yo en ella– y su cielo un serpentino mar impío que la refleja.
Es un amor que empezó oscuro como un presagio, el pico curvado del cazador en los sueños de los amantes y la voz oracular e íntima de las cosas sin nombre
calcinándolos.

 

El amor de dos poetas, solos, en el centro del poema.

 

 

 

 

 

 

este pequeño barco con su tierra a cuestas

 

En esta misma casa
De cuya navegación me ufano En el secreto movimiento
De mis células más íntimas

 

En esta misma casa Estática
Que construí con la pasión
De quien va a montar su primera obra El techo de los pobres
El techo de los ricos
El de quien al fin agacha la cabeza Y entra al mundo

 

En esta misma casa inserta en una selva Antes solo Sirio brillando algunas noches
Y en la que florecen los acantos al llegar octubre En esta misma casa
Y entre sencillos actos repetidos día a día Como enderezar los cuadros de un costado O bien del otro
Los primeros de Diciervo que colgara entonces Cuando con ojos de navegante miraba en lo alto En las hojas de las palmeras
El leve balanceo de las paredes sin techumbre

 

Y me preguntaba cómo sellar Ese último reducto de libertad Que haría de mi casa un templo

 

En esta misma casa
Que apenas si ha cambiado su apariencia Es verdad que los hexágonos del piso
Me traen ahora a la memoria
El cielo de las aguas que en el Mediterráneo bañan Las playas de Tipazá
Es verdad que el adorable pájaro ptitza
Aletea de cuando en cuando entre estas paredes blancas Siempre blancas

 

En esta misma casa
Desde la que me gusta contemplar a las tortugas Devorando los capullos recién caídos de la rosa china O el feroz combate de las grandes hormigas que luego Por la noche
Roerán de a poco la pinotea del cielorraso

 

En esta misma casa a cuyas puertas y ventanas Los benteveos acuden en noviembre
A depositar su ofrenda de moras maduras En esta misma casa me pregunto
En qué puerto estoy
¿Es posible que este pequeño barco con su tierra a cuestas De lapachos y palmeras
Teros guardianes
Y la mirada entrañable de algunos perros Haya navegado tanto que pueda yo decir Un hijo tengo y no tengo un hijo?

 

Jugando con los hilos de la luz
Hacer la propia casa y navegar hacia lo alto Y el corazón que arde
Girando Girando Girando
¿Cómo decir esta misma casa y el poema
Solo buscan la piqueta o el silencio evanescente?
¿Cómo hacer del propio barco la navegación sin perder el rumbo?
¿Del rumbo hacia lo alto el propio barco?

 

 

 

 

 

 

iruya

 

Qué puedo decir del paisaje Si todo lo olvido al segundo
Salvo la imagen de mi cuerpo osado Mirando en lontananza
Es esto lo que queda: un inmenso Cuerpo de puro espacio
De puro espacio Y silencio
Pero sobre todo un muro La mía frente
Resistiendo ese fraseo del viento
Como un movimiento suave del paisaje De puro viento
En la mía frente
Y además, alcanzo a recordar Esta piedra en punta
Que me he traído
Esta piedra que entonces vi Torneada por el viento –vi y pensé Y mis manos hasta ella se llegaron Y con todo su peso me la traje Como puede un paisaje, una madre Llevar a su niño en brazos
Sin más pensar oteando El espacio profundo Profundo
Azul
¿Sería azul?

 

 

 

 

 

 

lo poco que sé

 

Sé que la tierra come sin verdadera hambre, muchas veces, de oficio, pero qué perfección en su dentellada, cuando acaso asoma un atisbo de hambre y uno, distraídamente al morir, alcanza sin querer a verla en el momento de hincar el diente y qué azoramiento entonces, qué esplendidez de boca roja, es el amor se entiende, es el amor la muerte, ¡qué entrega, qué esplendidez de boca roja!

 

Sé que la tierra cuenta, y el mar y el aire y no cómo uno vive y la pequeña casa que se cuida como a un catamarán ligero. Sé que los cuatro vientos y los animales cuentan, como el sol que sale y se esconde luego y no lo que yo piense ni cuánto diga. El amor sí o bien la muerte, si se quiere llamarle así. Más, necesito más. Más, mucho más que la vergüenza o la más tenue brisa de alegría. Por ello, trafico con libros.

 

 

 

 

 

 

Poema

 

He cazado a la muerte
como si fuera una palabra nueva
La he rodeado, inquirido y bientratado Hasta he escrito sobre ella
–vida es la palabra que he usado–
Y me ufano
de contemplar a cada instante su aleteo furioso
en mi corazón.

 

 

 

 

 

 

rieles de fuego

 

a Tata Páez de la Torre

 

Rodando están los cielos En rieles de fuego
El tren no aminora la marcha
¿Se oye un silbato?
Al parecer ha muerto, no lo sé Mi pequeño hermano
Me han dicho, sí, que en las estrellas Y en los cuerpos
Está todo escrito
Y que no debo conjeturar
–¿Es eso todo?
Un niño dice Me asustan Las mariposas amarillas
Oh bellas mariposas sombras Las palabras (todas ellas) Que están, que no están Solo viajeras
De la luz
Y así es la eternidad
–¿Es eso todo?
Lo es. Pero también es menester Que esté la lámpara encendida

 

 

 

 

 

 

Pensando en la poesía

 

¡Corra, pequeña, corra! Usted tiene que correr Usted es el caballo que mis textos avizoran
Es la infancia Las visiones
Son las hebras desplegadas de sus crines Las briznas de las cañas
Volanderas
El vórtice de polvo de ceniza Ascendiendo por los vientos cada agosto La he visto ya correr
Como un río bautismal en la extensa Rus Su nombre era Dnipró
La he visto en el desierto, correr en el desierto Con toda su potencia
Sin apenas tocar la arena
¡Los cascos en el aire!
Usted es el caballo construido Con partículas de luz
El de increíble brillo
El que me conducirá como espuma blanca A la otra orilla
La monta dorada de los khanes Ancestros de la Ajmátova Usted tiene que correr
Por una cuestión de densidad

 

 

 

 

 

 

Flamígero punto del poema
Es eso pequeñita, si no corriera usted El principio sería el fin

 

Usted es la frente de plata de mi padre Usted es mi madre, la música, el canto Usted es esta lonja extendida de camino Los ancestros españoles en la selva
El nativo que da guerra, los altos mocovíes De la senda Macomita
El industrioso, el artesano, los jesuitas Las fronteras, la baguala, el birimbao

 

Es el caballo diseñado para rozar apenas La montaña con su cola

 

Usted es el arquero ciego El impecable guerrero
El hermano que no es hermano El que es fiel
El que no lo es
Usted es el fulgor que separa
El encendido verbo de mi amor a Dios

 

No quiero deberle nada Todo he de decir
Y será nada

 

No es poeta el que escribe mucho Ni el que escribe bien
Poeta es el compartidor de aguas Es el transido

 

El que recibe las descargas Campo minado es la poesía De máxima tensión
Corra usted, pequeña, corra usted en los poetas
¡Sea la luz en el correr!

 

 

Inés Aráoz nació en San Miguel de Tucumán, Argentina, el 9 de enero de 1945. Realizó estudios de lengua y literatura inglesa y de música en la Universidad Nacional de Tucumán. Ha publicado: “La ecuación y la gracia”, 1971; “Ciudades”, 1981 (mención del jurado del Premio Ricardo Jaimes Freyre, 1981); “Mikrokosmos”, 1985; “Los intersticiales”, 1986 (mención especial del jurado del Premio Nacional de Poesía 1984-1987); “Ría”, 1988 (tercer premio de la Fundación Argentina para la Poesía); “Viaje de invierno”, 1990; “Las historias de Ría”, 1993; “Balada para Román Schechaj”, 1997; “La comunidad. Cuadernos de navegación”, 2007; “Echazón”, 2008; “Pero la piedra es piedra”, 2009; “Agüita”, 2010; “Notas, bocetos y fotogramas”, 2011; “Rojo torrente de fresas” (traducciones del ruso de Anna Ajmátova y Marina Tsvjetáieva), 2012; “Barcos y catedrales”, 2012 , “Haré del silencio mi corona”, 2013, “Todo estaba diseñado para que el caballo rozase apenas la montaña con su cola” (2018) y “Otras lenguas” (2019).

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Revista InComunidade, Edição de Janeiro de 2019


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Foto de capa:

J. M. W. TURNER, 'Fishermen at sea', 1796. || FRANCISCO DE GOYA, 'La nevada', 1786-1787.


Paginação:

Nuno Baptista


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