ANO 5 Edição 81 - Junho 2019 INÍCIO contactos

Montserrat Villar González


A arte poética. Experimentação da impossibilidade. Resistencia y salvación    

Me gustaría pensar que el ser humano tiene la capacidad y los medios para expresar todo aquello que desea con exactitud, pero no es así, ya que traducir sentimientos, intuiciones,… al lenguaje es una necesidad difícil de conseguir. Aún así, la poesía nos permite acercarnos, con todos sus elementos, a este mundo sensible y es cuando traducir la realidad a través del poema nos salva del abismo que representaría la incapacidad para expresarse.

 

Me gustaría utilizar la imagen de la caverna de Platón, aunque un poco distorsionada. Pensemos en Platón y hagamos el camino inverso hacia la caverna. Llegar de la contemplación del sol con la razón, atravesar el mundo con la certeza de que formamos parte de la realidad que no hemos escogido pero sí podemos superar, y bajar a la caverna que Platón presumió superable. El poeta invierte el orden, absorbe la realidad, se sensibiliza ante ese mundo contradictorio, hermoso y terrible al mismo tiempo, y acude a ese mundo interior que refleja las sombras a través de la palabra. Una palabra, a veces demasiado limitada, una palabra que necesita de la alegoría, el símbolo y la música para representar lo irrepresentable. Una palabra que aprehende ese conocimiento que el mundo exterior nos da, la belleza y la crueldad, la contradicción… e intenta expresar lo inexpresable para convertirlo en esencia. Una esencia que, vertiginosamente, trata de construir el mundo a través de elementos que nacen en la razón, en la intuición y en la sensibilidad al mismo tiempo. Una esencia que necesita ser universal para que los otros, la recojan de la cueva y, en el camino inverso, la transformen, observando la realidad, en su propia razón y expresión inmanente del mundo.

 

El poema es esta esencial visión de lo irrepresentable, esta intuición. Como apunta Gamoneda, lo innombrado no tiene existencia intelectual, es lo desconocido y lo desconocido necesita de un lenguaje de “revelación”. La poesía genera ese conocimiento de la realidad que ella misma revela y crea.

 

El poeta es un ser viviente en una realidad, una realidad que se transforma en el interior de ese ser humano y se convierte en un elemento subjetivo, significativo, sensible y esencial que cobra vida a través del poema. El poeta sólo a través de lo que Jakobson denomina la palabra en el lenguaje poético (con calidad fónica, morfosintáctica y léxica) da sentido último a esa realidad: ¿Cómo entender lo que delante de nosotros sucede a diario: la muerte de inocentes o la belleza del amanecer? ¿Cómo transmitir todo lo que en nuestro interior se remueve cuando contemplamos cualquiera de estos hechos? ¿Cómo comunicar lo que va más allá de lo simplemente racional? ¿Cómo expresar ese vértigo que la propia realidad nos produce? Es esa palabra anteriormente definida, ese poema que la acoge y esa capacidad simbólica la que exprime lo indecible. Todorov lo definió: lo que los signos no simbólicos no consiguen transmitir. Estos símbolos son intraducibles y su sentido es plural: inagotable, beben de la universalidad de la propia intuición. Símbolos que comparten elementos esenciales con la música, la pintura, … en general cualquier forma artística ya que van más allá de una explicación racional y llegan directamente a la sensibilidad del ser humano que los asume como expresión del sentimiento, de la sensación más pura que puede crear y percibir.

 

Símbolos que salen del poeta para alcanzar el conocimiento en ese intento de transmitir al máximo la realidad y llegan al lector que los convertirá en fuente inagotable de conocimiento según cada experiencia vital. Por ello, símbolos universales, ya que alcanzan significado para todos los receptores, pero nunca un significado único y agotado en sí mismo y, es que, la experiencia nos demuestra que, un mismo texto poético, una composición musical, una obra pictórica,… es capaz de recrear y transmitirnos sensaciones diferentes en cada lectura, cada audición, cada observación. Y ello no depende de un conocimiento intelectual sobre dicha obra, sino de el estado del ánimo, el momento vital o, incluso, el ambiente en que la estamos percibiendo.

 

Así, considero la función comunicativa y salvadora del poema. Función salvadora de resistencia que ayuda al poeta a vencer el abismo (la poesía ya no sólo es belleza es resistencia al espanto), un abismo que llena al poeta de dolor y espanto y que al conseguir traducir en palabras, lo aleja de la oscuridad y del silencio inhabitado. Un abismo que no sólo debe hacer referencia a la sensación, en algún momento percibida, de vivir en un mundo que no nos corresponde y que no comprendemos, sino a la sensación que se atora en nuestra garganta cuando sentimos la necesidad de expresar y el lenguaje no es suficiente, no encontramos los términos que nos permiten comunicar aquello que nos emociona, nos conmueve.

 

Una función comunicativa que se muestra al compartir el poema y hacer cómplices a los demás de ese intento de representar lo que racionalmente se aprecia como inaccesible, ininteligible, inasumible… El propio Leopoldo Mª Panero, asesinó simbólicamente en más de 100 poemas a su madre, comunicando el dolor y la soledad que su imagen le causaba. Todos exorcizamos, a través de la palabra que buscamos perfecta, la realidad que nos ataca y podría llegar a destruirnos. Todos sobrevivimos gracias al poema como si se tratara de un suero que se inyecta en nuestra sangre para aceptar la vida, para tratar de entenderla o, al menos, combatirla. Todos necesitamos de la belleza, de la magia, de la posibilidad de transmutación del horror para sabernos vivos y reales en este mundo que podría desfigurar cualquier existencia llegando a través de la palabra la verdadera medida de las cosas: ese es el poder del verso.

 

Todos esperamos
Que la palabra se haga carne que
cubra los huesos que la injusta derrota provoca.

 

O en palabras de Luis Serguilha
El arte hace que la vida sea soportable. Con el arte buscamos el infinito en cada perspectiva (mónada intensiva)

 

Y el poema dice más de su autor que su propia vida, ya que en la búsqueda de la palabra, la expresión y el significado exactos está implícita la búsqueda de la esencia misma del ser y del estar ante la realidad. Yo soy y yo me sitúo en esa realidad y sólo con la palabra poética intento transmitir esa verdad, mi verdad, resistiendo así a la caída en el abismo.

 

Pero, ¿a qué nos referimos con resistencia? Como decía Leopoldo María Panero: “Sé todo sobre la Rosa / y sobre el abismo al que mis pies insultan / llevo una llaga en mi pecho / que es el secreto de mi vida”. La poesía como la vida, es rosas y espinas. Es ternura y lucha cotidiana para llegar a sobrevivirnos en la destrucción, es belleza que duele y sangra cuando nace. El poeta, cuando escribe, siente la necesidad de enfrentarse a la realidad a veces incómoda, a veces hostil, a veces extraña y buscarle el sentido. Una realidad que, si la sentimos, nos devora en su imparable desatino.

 

Y quien ha bajado al abismo sabe que quienes le rodean también han arañado sus paredes para no sucumbir a la oscuridad; quien se mira hacia dentro, ha llorado, ha muerto y vuelto a nacer. Y sólo después escribe, escribe para traducir el dolor de otros y el suyo propio, para evitar la muerte y la degradación, para abrazar a quienes se sientan acogidos por las palabras, para que ese abrazo retorne al poeta y lo temple en su desolación. Escribir para mirar, desde la belleza, desde lo más esencial, cuanto nos rodea y porque, como decía Gabriel Celaya: “…cuando se miran de frente / los vertiginosos ojos claros de la muerte, / se dicen las verdades: / las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. […] Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales.”

 

Porque es una necesidad vital igual que respirar, escribir sin simulación, sin trucos, palabras que intentan transmitir sincera y honestamente el mundo que nos puebla. Y, entonces, según Alberti, “Miro la tierra, aíslo / en mis ojos, atento, una pulgada. /¡Qué desconsolador, feroz y amargo / lo que acontece en ella!”. Sólo desde la profundidad de las entrañas, desde el silencio y la soledad que reflexiona, desde la distancia y la falta incluso “de cordura” escribir.

 

Leopoldo María Panero nos enseñó, a mí personalmente me enseñó, a decir sin poner cara a lectores, a ser uno consigo mismo y a buscar para sí mismo, la palabra más honesta, aunque sea la más cruel y desdichada. Sólo así, se consigue absorber, reconocer, ordenar la realidad, la belleza, la fealdad, el amor, el odio,…Respirar, además, el mundo a través de los otros, y que la empatía hace sentir como parte del dolor del poeta, así la poesía puede dejar de ser de uno mismo, para ser solidaria con la existencia de los demás.

 

Decía Charles Bukowski sobre SER ESCRITOR: “Si no te sale ardiendo de dentro / a pesar de todo/ no lo hagas. […] Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, / espera pacientemente. / A no ser que salga de tu alma / como un proyectil, / a no ser que quedarte quieto / pudiera llevarte a la locura, / al suicidio o al asesinato, / no lo hagas”.

 

Eso es, del mismo modo que no se necesita respirar a doble velocidad, no escribir si no se tiene nada que decir, si no se ve y no nace de lo más profundo. Pero, de pronto, una mirada, una caricia, el llanto o la muerte, puede hacerse visible e impulsar un poema. Y es en esa intimidad en la que el poeta se encuentra a sí mismo,  e intenta comunicar la belleza o la muerte que la vida le muestra. El otro, puede irritarse, enfadarse, sentirse solidario, empatizar, lo importante es que sienta. La poesía debe partir de nuestras entrañas para llegar a las de los demás, la impasividad es inexistencia, no debe ser un lujo cultural de los neutrales. La poesía existe porque existe todo aquello que nos diferencia del resto de los seres vivos: la capacidad de sentir, valorar,  decidir,…en cada instante, la capacidad de creer y crear un mundo simbólico que nos separa y, al mismo tiempo nos acerca a nuestro propio mundo, capacidad del ser humano de crear arte en cualquiera de sus expresiones. Porque ser poeta, como escribe Flor Espanca: “É morder como quem beija!” Es luchar en una guerrilla con las palabras como única arma, para conseguir que en los demás crezca una revolución: sentir, sentir, sentir. Y si sabemos que no estamos muertos, sobrevivirnos a este dolor, salvar el abismo y sobrevivir. Es muerte y resurrección, igual que la vida: es gozo y dolor. Es, en definitiva, la única resistencia al espanto.

 

Las rosas, de verdad, no son perfectas:
algún pétalo se marchita en sus límites,

algún insecto en su corazón se preña.

 

Las descubres al nacer y
crees que son eternas:
huelen a belleza.

 

Pero son rosas del jardín
y no son perfectas:
son como la vida.

 

(Tierra con nosotros)

 

La poesía intenta abonar esa vida, esas rosas imperfectas. La belleza, cubre el abismo y, por instantes, nos deja creer en el paraíso. El reflejo de nuestras palabras en los otros nos salva: acompañarnos en el dolor, la ternura, la soledad, la muerte, el silencio; arañar nuestras entrañas y conmovernos; indignarnos, solidarizarnos, sensibilizarnos, hacernos salir del ostracismo, convertirnos en seres humanos y, ya, humanizados, salvarnos del abismo y de la finitud del mundo: esa es la salvación de la palabra.

 

Y así, siempre han existido estetas y poetas que buscan en su obra la máxima expresión de su ética, sin olvidar la estética, por supuesto. Incluso, en un mismo autor, debido a las vicisitudes de la vida, la forma de expresión sufre un cambio. Y es en ese cambio en que se refleja el compromiso con la realidad, el sentir del poeta. En la generación del 27, se comienza con “La poesía pura o deshumanizada”, poesía que busca lo esencial, lo perfecto, despojada de sentimiento humano;  pero tras la guerra, los poetas (tanto los exiliados como los que se quedan en España) sienten el dolor en sus propias carnes, el dolor de España. Y el propio Dámaso Alonso en su Insomnio se atreve a preguntar a Dios:


[…]
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

 

Todos ellos, todos los poetas, nos enseñan que el poema, es necesaria para colocarse ante de la realidad y darle el significado real, verdadero para el autor. Aquello que racionalmente no podríamos explicar. Cómo explicar la llaga que se presiente ante el dolor, la injusticia, la muerte; cómo colocarnos al lado de los que sufren,… no hay discurso más veraz, más cercano, más atento que el poético. Un discurso que intenta abrazar a lo intangible y darle corporeidad, siendo conscientes, desde el inicio de ese trabajo creativo, de que la palabra, a pesar de ser ente definible, va a alcanzar una incorporeidad cercana a la intangibilidad que desea definir. La palabra se retuerce, se re-crea, se desdibuja de su estado lógico y objetivo, para alcanzar un status mayor, el esencial del sentimiento. Y es, entonces, cuando el poeta sale de sí mismo para llegar al otro en un acto de comunicación sincera e irrepetible. Decía al inicio que el poema dice más de la vida del autor que su propia biografía y me ratifico en esta afirmación, el poeta desde la soledad y el silencio de la caverna en que las sombras ya no son visibles ni físicamente definibles, intenta comunicar su verdad para salvarse de la propia realidad que lo acuchilla. Pero en la obra creada se va más allá de lo meramente palpable y fácilmente definible, se va al alma de lo innombrable, y se comunica desde la honestidad de la palabra creada un mundo que traspasa la realidad que respiramos y disfrutamos o sufrimos en cada segundo contable de existencia.

 

Yves Bonnefoy dice “la poesía no significa, muestra.[…] No juega al juego de la significación, por el contrario lo niega; su razón de ser es dirigirse más allá de las representaciones, análisis, fórmulas, -más allá de todos los discursos, de todos los saberes hacia la inmediatez de ser sensible que los conceptos nos hurtan” Y más adelante, “no olvidar que la necesidad de la poesía, entre los que la escriben, es también la preocupación por una verdad que se comparte”1, una verdad que va más allá de lo meramente intelectual y que, de ninguna manera, podría ser explicada de forma racional. La verdad del artista, del poeta es la verdad de su alma, de su espíritu. Un espíritu que necesita buscar otro significado lejos del sentido utilitario de las cosas, más allá de lo aprendido… utilizando para ello la sensibilidad, la intuición, y el conocimiento de su propio yo, para expresar su necesidad interior. Como señala Wassily Kamdinsky2, en esta expresión, la medida y el equilibrio no están fuera sino dentro del artista y, añado yo, sólo así se podrá intentar dar expresión a lo inefable. Un conocimiento en el que la tradición, la experiencia vital, la capacidad de sentir, la ética, la comprensión de la naturaleza, la cercanía al alma humana, la percepción intuitiva de la realidad, la necesidad de creer en algo que nos supera nosotros mismos, va generando un discurso de comunicación que significa más que las palabras.

 

Juan Ramón Jiménez en uno de sus poemas pertenecientes a su poesía pura, describe ese instante en que el sol se pone tras las montañas: belleza intangible e inalcanzable; belleza instantánea e imposible de detener en su desaparición, pero creación poética al fin, tan pura y eterna como lo es el poema que la describe:
Poema de De Poesía, 1923 que habla del ideal de pureza, tanto en la vida como en la poesía:

 

¡Ésta es mi vida, la de arriba,
la de la pura brisa,
la del pájaro último,
la de las cimas de oro de lo oscuro!
¡Ésta es mi libertad, oler a rosa,
cortar el agua fría con mi mano loca,
desnudar la arboleda,
cogerle  al sol su luz eterna.

 

Y el poeta, a través del único medio que conoce: la palabra, intenta dar sentido y describir la esencia de las cosas, la esencia del sentimiento en cada mirada, en cada movimiento respiratorio, en cada instante de vida, en la única expresión sincera de libertad. Y el poema intenta, en un aquí y un ahora, mantener ese instante que se nos escapa entre las manos porque parte de experiencia de la mirada, de la sensibilidad y no se puede aprehender y mantener como los objetos se mantienen.

 

Y volvemos a Platón, y, ahora ascendemos hacia la luz; hacia las sombras que en la cueva se reflejaban y percibíamos de manera sensitiva sin materialidad, sin consistencia, fruto del instante en que la luz las reflejaba en el espacio, intangibles. Ascendemos al mundo de los objetos, de los cuerpos, a la realidad… y nuestro cerebro comienza a racionalizar y ordenar esa realidad en elementos tangibles, medibles, contables, definibles físicamente, eso es todo y eso es nada. ¿Qué nos queda? ¿Qué nos mueve más allá de la pura racionalidad? Precisamente la necesidad de encontrar un sentido pocas veces racional y razonable al mundo que nos rodea. El poeta se pregunta por ese sentido más allá de la pura corporeidad, por su propia percepción de ese mundo, se cuestiona las verdades recibidas y consolidadas que parten de la experiencia de otros. Y busca su propio conocimiento empírico, su propia verdad. Una verdad intangible, inefable, pero honesta que parte de su yo más profundo para comunicar a los otros en ese aquí y ese ahora. ¿Y qué difícil comunicar a veces? ¿Qué falta, muchas veces, de capacidad expresiva en la propia expresión? Cuánta necesidad de búsqueda entre las propias palabras para llegar a transmitir ese instante en que se percibió el conocimiento exacto. Y se retuercen, se estiran, se violentan las colocaciones sintácticas, léxicas, morfológicas del lenguaje natural para llegar a expresar lo inefable. Y se alcanza la belleza última del sol y el intento de sobrevivirse más allá de una realidad que no siempre significa existencia.

 

Y se comparte entonces, el sentido último de estar aquí y ahora y todo aquello que nos araña, nos hiere, nos emociona, nos inquieta. El poema debe nacer de ese yo que busca eternamente sentido y que bebe de lo más profundo de las entrañas para llegar a las entrañas de los otros que, en el poema, encontrarán su propio sentido. Debe enseñar a mirar de manera diferente a los ojos de esa realidad que todos aceptamos sin cuestionarnos en el día a día. Pero, por qué asumir la realidad que otros nos han transmitido como veraz, por qué no preguntarnos por esa realidad desde otro punto de vista. El poeta, debe comunicar esa conciencia crítica, en unos casos, y enseñar a quién quiera escucharlo, que puede haber otra realidad. No es necesario encontrarla, definirla como posible y admisible, sino como camino para modificar la percepción y la asunción de todo como corderos de un rebaño. El poeta, debe dibujar, sombras sobre las propias sombras que modifiquen la percepción a partir de ese momento. En otros, el poeta transmite la belleza y nos hace cómplices del descubrimiento de una realidad que se abre ante nuestros ojos cada día (el atardecer, por ejemplo) y que dejamos pasar si percatarnos en ella porque la vida y sus tiempos no nos permiten observar lentamente, sin distracciones. Es el poeta, el que como un niño, recrea su propio mundo, poniéndolo patas arriba para que otro mundo sea posible. Un niño, en su más tierna infancia, se comunica con los objetos, personifica cualquier elemento, le otorga a sus juguetes la capacidad de sentir, de hablar, de llorar, de pensar,… interactúa con ellos de manera natural en un mundo que, lejos de ser racional, es enriquecedor y mágico. El poeta debe observar el mundo con ojos de niño y volver a crear los lazos, los vínculos, los significados de todo lo que hay en su existencia. Un niño tiene capacidad de asombro en cada instante, un poeta no debe perder jamás esa capacidad y el deseo de poder transmitirla. Crear, esa es la palabra, crear un espacio nuevo, un mundo nuevo, un lenguaje nuevo para comunicarnos, rebelarnos, resistir y salvarnos en la brevedad de un poema, en la intensidad del verso y de toda su emoción contenida; dar forma a la imagen poética que lo abarque todo.

 

Y, entonces, nos preguntaremos ¿hemos conseguido transmitir lo esencial de nuestra existencia, de nuestro aquí y ahora que necesitamos? Sólo en la palabra poética, en la experiencia y relación con nuestra verdad más honesta, con nuestro yo más profundo, obtendremos la respuesta. Cada poeta busca su verdad y siente una necesidad diferente a la hora de escribir: crear belleza, crear contenido, aunar ética y estética, despertar y enfrentar a sus propios fantasmas, provocar desde la revulsión de las entrañas un movimiento sísmico en el otro que haga que se cuestione la realidad de una manera diferente, desde otra perspectiva. Si somos fieles a nuestra búsqueda, podremos, a pesar de la limitación del lenguaje, acercarnos a esa traducción de lo intangible y superar esa finitud que a todos nos obsesiona. Necesitamos salir de la caverna, conocer el mundo, reconocer su límite temporal, encontrar el sentido y superar el miedo a esa nada que nos cubrirá a todos. La palabra poética nos salva, nos lleva más allá de nuestras fronteras expresivas y vitales, nos une a otros que, como nosotros, viven en una continua búsqueda de sentido. Quizás nunca hallemos el sentido último de nuestra existencia, pero el camino, la búsqueda, el ejercicio incansable, la necesidad y su expresión nos salva del abismo. A lo mejor, de eso se trata, esta es la única salvación: caminar sin descanso a través del poema.

 

Notas

1 BONNEFOY, Yves. La traducción de la poesía, Valencia, Editorial Pre-textos, 2002 (Traducción y prólogo de Arturo Carrera), Pg. 25

2 KANDINSKY; Wassily. De lo espiritual en el arte, México, Premia Editora de libros S.A., 1979. (Traducción de Elisabeth Palma), Pg. 63.

 

 

Cortegada de Baños, Ourense, 1969. Profesora-poeta y traductora, aprendiz de los diferentes oficios de los que alimenta cuerpo y alma. Licenciada en Filología Hispánica y Filología Portuguesa, Máster E.L.E., actualmente trabaja en su tesis doctoral.
Además de diferentes manuales didácticos y traducciones de poesía portuguesa y brasileira, ha publicado varios poemarios y participado en diferentes revistas, encuentros y recitales poéticos en diferentes países. También escribe ensayos y cuentos que se han publicado en obras conjuntas. Comprometida con la cultura y la igualdad, organiza y promueve actos culturales y solidarios de diferente índole.
Sus obras:
Tríptico de mármol (Ed. Huerga y Fierro, 2010), Prologado por Luis Eduardo Aute.
Ternura incandescente (Ed. Huerga y Fierro, 2012)
Tierra con nosotros (Ed. Seleer, 2013; Premio poesía 2013)
Desde la otra orilla, (Editorial Arte ediciones, Valladolid 2014) (Libro de autor con 10 imágenes de 5 artistas visuales)
Bitácora de ausencias (Editorial Amargord, 2015)
Aprehenderse (Editorial Amargord, 2017)
De maos dadas /Con dos almas por palabra: (Sao Paulo, edit. Escrituras y LFediciones, España, 2017)
Sulagar o soño /Sumergir el Sueño: Ed. Lastura, 2019

 

Traducciones de su obra:
Terra de mármore e tenrura, escolma (Ed. Lastura, 2014). Antología en gallego, traducción de Xavier Frías Conde.
Terra habitada, (Editorial Palimage, Coímbra, 2014), Traducción al portugués de la obra íntegra Tierra con nosotros de Jorge Fragoso.
Vida Incompleta     (antología bilingüe portugués-español. Editorial Lema D`Origem, Portugal 2018; traducción de Carlos D´Abreu).

 

TRADUCCIONES DE OBRAS publicadas:
Cartas de Abril para Julia, traducción de la obra de Álvaro Alves de Faria, Trilce Ediciones, 2014.

 

Motivos ajenos / Residuos, traducción y prólogo de la obra de Álvaro Alves de Faria, Linteo, 2015.

 

Desvivir/Desviver, traducción y prólogo de la obra de Álvaro Alves de Faria, Tau Editores, 2016.

 

(Próximamante): Antología de la obra de Marco Lucchesi, Ed. Patuá, São Paulo, 2019.

 

Premios y/o reconocimientos:

- Bautismo poético del recuerdo, Casa Zorrilla, Valladolid. Abril 2019.

- AintzinakoBihotz", Corazón Arcaico (Voces del Extremo, 2018)

- Premio Sarmiento de poesía 2015, Valladolid: Por el conjunto de la obra.

- Editorial Seleer por el libro: Tierra con nosotros (2013).

- Premio a la mujer de la cultura de Salamanca (2011), As. Tierno Galván de Santa Marta de Tormes.

 

- Página/s web o blogs del autor:montsevillar.blogspot.com

TOP ∧

Revista InComunidade, Edição de Junho de 2019


FICHA TÉCNICA


Edição e propriedade: 515 - Cooperativa Cultural, ISSN 2182-7486


Rua Júlio Dinis número 947, 6º Dto. 4050-327 Porto – Portugal


Redacção: Rua Júlio Dinis, 947 – 6º Dto. 4050-327 Porto - Portugal

Email: geral@incomunidade.com


Director: Henrique Dória       Director-adjunto: Jorge Vicente


Revisão de textos: Filomena Barata e Alice Macedo Campos

Conselho Editorial:

Henrique Dória, Alice Macedo Campos, Cecília Barreira, Clara Pimenta do Vale, Filomena Barata, Jorge Vicente, Maria Estela Guedes, Maria Toscano, Myrian Naves


Colaboradores de Junho de 2019:

Henrique Dória, Conselho Editorial, Adán Echeverría, Adelto Gonçalves, Alberto Bresciani, Amanda Avils ; Nilo da Silva Lima, trad., Beatriz H Ramos Amaral, Caio Junqueira Maciel, Calí Boreaz, Carlos Barbarito, Carlos Orfeu, Cecília Barreira, Cinthia Kriemler, Edson Cruz, Flávio Sant’Anna Xavier, Frederico Klumb, Graciela Perosio, Hermínio Prates, Joaquim Maria Botelho, Jorge Vicente, José Arrabal, Krishnamurti Goés dos Anjos, Leila Míccolis, Leonardo Almeida Filho, Lino de Albergaria, Manuel Casqueiro, Maria Estela Guedes, Marinho Lopes, Moisés Cárdenas, Montserrat Villar González, Ngonguita Diogo, Reynaldo Barreto de Moraes e Castro, Ricardo Ramos Filho, Silvana Menezes, Tiago D. Oliveira, Waldo Contreras López, Walter Cabral de Moura


Foto de capa:

DIEGO RIVERA, 'The marriage of the artistic expression of the North and of the South on this continent (Pan American Unity)', 1940


Paginação:

Nuno Baptista


Os artigos de opinião e correio de leitor assinados e difundidos neste órgão de comunicação social são da inteira responsabilidade dos seus autores,

não cabendo qualquer tipo de responsabilidade à direcção e à administração desta publicação.

2014 INCOMUNIDADE | LOGO BY ANXO PASTOR