ANO 5 Edição 77 - Fevereiro 2019 INÍCIO contactos

Alicia Salinas


Diez poemas    

Del libro “Gallina ciega” (Editorial Ciudad gótica, Rosario 2009)

1 . Duda (en castellano y portugués);

2. Los hijos de los pescadores

 

 

 

 

 

 

Del libro “Tierra” (Editorial La mariposa y la iguana, Buenos Aires 2017)

 

1. Marzo
2. Noche de San Juan
3. Luz
4. La cicatriz
5. Exilio
6. Ribereña
7. Rambla
8. Las lecciones del río

 

………………………………

 

 

 

 

 

 

Duda

 

de dejar esta piedra en la orilla o llevarla conmigo.
Una lengua de luz la dora, otra hace brillar la mica.
El agua devora los contornos.

 

¿Puede la mano alzar de su cuna milenaria
un pequeño gajo desprendido del continente?

 

Duda de alterar el destino del mundo, el curso
universal de las cosas perfectas. Sin embargo
tanto la deseo: nuevas e invisibles membranas
nacen en el cuerpo.

 

El aura en ascuas inquieta todo.
Vocación de atesorar lo ajeno, de no permanecer
indiferente. Creer que por levarla la poseo; no
conformarse, en fin, con el recuerdo.

 

 

 

 

 

 

DÚVIDA

 

de deixar esta pedra na praia ou levá-la comigo.
Uma língua de luz a doura, outra faz brilhar a mica.
A água devora os contornos.

 

Pode a mão retirar de seu leito milenar
um pequeno segmento do continente?

 

Dúvida de alterar o destino do mundo, o curso
universal das coisas perfeitas. Sem embargo
tanto a desejo: novas e invisíveis membranas
nascem no corpo.

 

A aura em cinzas inquieta tudo.
Vocação de entesourar o alheio, de não permanecer
indiferente. Crer que, por levá-la, a possuo; não
conformar-se, enfim, com a recordação.

 

 

 

 

 

 

Los hijos de los pescadores

 

Alegría de las gentes sencillas se eleva
como vapor de la olla por el campo y sus bordes,
a la orilla de este vasto río donde los niños
son ya hombres. Bella
su risa cuando preparan redes y despiden
a las madres, como si fuera el trabajo
un juego.

 

Brillan los ojos junto al improvisado guiso
en tierra, con la angustia callada de las mujeres
por nubes que persiguen de cerca a las canoas.
Se alzan las manos y las sombras, brota
en algún sitio de la pampa una semilla
que nada sabe de esto.

 

Y todos hacen bromas, retruécanos del alma
que suspira. Se aleja la barca
hacia la isla. A la tarde
algo le duele por las dudas, en potencia,
mientras llegan de a poco los colores
de la noche.

 

 

 

 

 

 

Marzo


No admira la belleza sino, al trasluz,
la frescura de la juventud
en los últimos días del verano.

 

Precoz manera de mirar y sonreír
ante lo que envuelve
y sin embargo pasa.

 

Todo confunde a quien ausculta
desde el balcón de marzo.

 

Así de ambiguo este postrer sopor
poblado de zancudos,
apenas rebatido
con humos y abanicos.

 

También yo necesito ser la niña,
la que mira
y lo que observa.

 

Pero sólo desde lejos
un poema.

 

 

 

 

 

 

Noche de San Juan

“Todos aquí para mirar arder y consumirse este fuego”.
Juan L. Ortiz



Por qué le dicen penita si es tan grande
este insecto. Alimenta y azuza
la remembranza inútil.

 

Una sombra se proyecta
hasta cubrirlo todo
y cuando abro los ojos no puedo
y cuando puedo es muy tarde.

 

Más camino rumbo a ese punto,
más la astilla se clava.

 

A quemar los colores del alba,
el muñeco en la hoguera.
Siempre es posible decir no
y, muchas veces, necesario.

 

Contemplación del fuego
desde lejos,
ejercicio de la libertad.








 

Luz

 

Encallar en el centro de una quietud
que sombra ni filo tiene
pero allana y corta.

 

Camino a ciegas
con mis ánforas rotas.
Jardín baldío.

 

Y sin embargo necesitaba
esta arena que ahoga,
el fondo del desfiladero,
tallar nuevos peldaños.

 

Luz
es el futuro
desde el pozo.

 

 

 

 

 

 

 

La cicatriz

 

Un hilo atraviesa el campo,
de poste a poste corta
el cielo con su filo. Tanza
indómita desangra el progreso
del próximo pueblo.

 

Noche de estrellas perfectas
a la salida de la ciudad.
Fuimos a comer lejos del ruido,
se hizo tarde sobre el negro mar
sin horizonte ni puntos cardinales.

 

Dónde buscar ya no el daño
sino la cicatriz.

 

 

 

 

 

 

Exilio

 

Llegaron desde tierras áridas
y amaban tanto lo suyo que, con el tiempo,
la sangre en los pedruscos
se convirtió en semillas de granada.

 

Por redimirlos
recojo cada una
con exactitud de ángel.

 

Al arquearme, se riega aquel jardín
y es más fácil olvidar lo perdido.

 

Lejos de la planicie y de la pampa,
de los mundos que deben ser dejados
para empezar de nuevo.

 

Todo abandono es un exilio y viceversa.


 

 

 

 

Ribereña

 

Años después de vivir contra el río,
lo que fluye
persevera y purga.
Agua siempre adelante.

 

En la orilla se remeda todo pasado,
vuelvo al ruedo. En qué cuenco
el silencio de los ceibales.

 

Desde la isla resplandece
la dentadura vertical de las torres,
antes patios con jazmines.
Dónde está quien espera,
quien no olvida.

 

Como el río enloda los ramajes,
arrastro siempre una pena.
¿Y si busco lo que no es posible?
¿Han demolido también la casa
de los que me amaron, ya no saben
cómo encontrarme?

 

Falso Manhattan, la soledad era esto.    

 

 

 

 

 

 

Rambla

 

Del puerto parte el barco en lo que tarda un cigarro
en apagarse. Busca la noche faros
para que el horizonte vista de camino. El río
cobija brisas dulces, plata
en el oleaje lejos.

 

Pide el susurro un poema como si fuera fácil
descubrir el alma sin aviso. Igual
carne viva en el silencio de este instante
que no vuelve. Patria,  
donde el amor afinca y se queda.

 

Brota espuma del golpe en las piedras y espero
donde esa patria aguarda sumergida pero no quieta
en las vetas que refulgen, fija al viento.
Pero el viento pasa
y pasa.


 

 

 

 

Las lecciones del río

 

Desde la barranca
se diría que borda cada remo
los hilos de plata del mediodía.
¿Paraná o Mediterráneo?
¡Pero si puro barro nuestro lecho!

 

Intenta el retrato un turista.
Su lente reverbera y ciega,
rasgan los palos la tela del río.

 

Bajamos la escalera paso a paso,
encima la techumbre
sonora de los sauces.
¿De dónde los trinos?

 

En la pequeña playa
hablamos de ser diferentes,
de cuidar al otro, de los alcances
del amor.

 

Aparecen los pájaros.

El bote ya se ha ido.

 

 

Alicia Salinas nació el 21 de septiembre de 1976 en Rosario (ciudad en la que reside), provincia de Santa Fe, República Argentina. Es Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Se desempeña en el área de Comunicación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Santa Fe, en el Instituto de Periodismo Rosario (ex TEA Taller Escuela Agencia de Periodismo), donde está a cargo de la cátedra de Taller de Redacción II, y colabora con el suplemento Cultura y Librosdel diario “La Capital” de Rosario. Se ha formado en dramaturgia y actuación. Es autora de obras de teatro, monólogos y piezas breves, algunas de las cuales fueron representadas.  Ha sido incluida, entre otras, en las antologías “Los que siguen”“Dodecaedro”“Pulpa”“Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981”“Diecinueve de fondo”“Poetas del tercer mundo”“Fin zona urbana”“Veinte años del Festival Internacional de Poesía de Rosario”“Abat jour”“Corte al bies”“Chazals on a bay trail” y “Somos centelleantes” (fanzine de artistas por el aborto legal). Poemas suyos fueron traducidos al inglés por el poeta John Oliver Simon. Participó en el volumen colectivo “Crisis social, medios y violencia: A diez años de los saqueos en Rosario”. Poemarios publicados: “La sumergida” (2003; 2ª edición —en formato electrónico—: 2016), “Gallina ciega” (2009) y “Tierra” (2017).

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Revista InComunidade, Edição de Fevereiro de 2019


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Colaboradores de Fevereiro de 2019:

Henrique Dória, Adán Echeverría, Adelto Gonçalves, Alexandra Vieira de Almeida, Alicia Salinas, Ana Romano, Avelino de Araujo, Caio Junqueira Maciel, Calí Boreaz, Celso de Alencar, Daniel Maia-Pinto Rodrigues, Edivaldo Ferreira, Eduardo Rennó, Fabiano Silmes, Fernando Andrade, Fernando Sorrentino ; Rolando Revagliatti, Hermínio Prates, Inês Lourenço, Jorge Castro Guedes, Juliana Maffeis, Leila Míccolis, Leonora Rosado, Lisa Alves, Marinho Lopes, Meire Viana, Moisés Cárdenas, Myrian Naves, Nagat Ali, Octavio Perelló, Paulo Nilson, Ricardo Ramos Filho, Ronaldo Cagiano, Tânia Diniz, Ulisses de Carvalho


Foto de capa:

Quadro de Ismael Nery, 'O encontro', de 1928


Paginação:

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