ANO 5 Edição 76 - Janeiro 2019 INÍCIO contactos

Ramón Peralta


¿A dónde nos lleva la poesía?

En el entendimiento de un poema es evidente que el lector se mantiene a una distancia de lo visible, de la imagen proyectada en el texto. Ese estado latente, separado por la dimensión del espacio, sugiere una relación mediada por la lectura entre sujeto y objeto. En donde se saca a la cosa de su propia esfera y se la hace entrar en una red que la hace admisible como objeto cognoscitivo.1 En consecuencia el sujeto como observador llega a poseer un entendimiento, una experiencia. Dicha experiencia, sin duda, será delimitada por su carga histórica. Siguiendo a Jitrik, nos comenta: para progresar en su conocimiento, necesito convertir la “cosa escritura” en el “objeto escritura”, es internamente en la segunda posibilidad, única que me autoriza algunos movimientos circulares, de retorno o de vaivén: de la cosa al objeto de conocimiento a la cosa y, por fin, a la posibilidad de entender la escritura en particular, como performances que persiguen algún sentido, en el sentido de que no son insignificantes.2 

 

Las dimensiones que conforman el saber del lector mantienen una relación estrecha que lo dota de una determinada lógica. Pero de cierto modo, exterior y flotante, exterior en el sentido de apropiación y flotante por no ser delimitado con precisión con respecto al objeto u objetos que se hayan inscritos en el poema; dependiendo del grado de experiencia que tenga el lector. El saber es un código aprendido e internalizado que no se limita  a estar ahí, en reposo, sino que en contacto con las experiencias se hacen, porque poseen capacidades interpretantes, que producen figuras, que serían propias o características de un determinado campo de interés, pero estas figuras no son definidas ni concluidas; pueden llegar a ser imágenes o pueden permanecer en suspenso hasta, incluso, desaparecer, sustituidas por otras que vienen a añadirse a las que quedad. De lo que más bien se trata es de una producción incesante que de lugar a una sobrecarga de esbozos de sentidos que, en un primer momento, así en conjunto y en movimiento, generen una dificultad de intelección.3

 

Gadamer define: todo encuentro con el lenguaje del arte es encuentro con un acontecer, inconcluso y es a su vez parte de este acontecer.4 Por tanto la subjetividad en el arte sería un acto contemplativo, un acontecer. Dicho encuentro cumpliría una función primaria, sin dejar de ser activa. Pero al momento de adentrarse en el objeto, al tratar de romper los límites propios del conocimiento, el sujeto pasa a una función secundaria, alejada de toda contemplación. En tanto el ojo del mundo, es el mundo de la distancia; y la subjetividad va acompañada de la inclinación, al interpretarse en una testificación cada vez más envolvente. De tal forma que el sujeto se encuentra inmerso en su conocimiento, como un ojo sin cuerpo, lleno de mundo, de su mundo, en expansión o reconocimiento de este.

 

Eduardo Milán lanza la pregunta: ¿no implica este movimiento un gesto de renuncia radical al mundo y a la idea de la poesía como una posibilidad de alterar la realidad? La respuesta –posible– parece ser la contraria: en ese perpetuo movimiento lo que se trata es de abarcar la mayor cantidad de realidades, la mayor cantidad de mundos5.

 

El lector, antes de enfrentarse a un texto posee, por medio de la experiencia, una parte del mundo, conoce referentes de la poesía, supone por la disposición grafica que es un poema. La poesía, a su vez, se muestra a través de la perspectiva de uno o varios objetos, porque sólo hay materia que emanara energía, en la medida en que se esté suspendido o inmerso en el espacio poético. Una posible filosofía de la poesía sólo sería posible, desde un principio, como una teoría del ser-en.

 

Regresemos: ¿A dónde nos lleva la poesía? A recogernos en nosotros mismos. A quedarnos sordos del mundo, a quedarnos en la ausencia al evocar una presencia; la voz interior es más poderosa que el sonido del exterior:


        

Me han sacado del mundo

Me cubre una armadura de mariposas y estoy en la
camisa de mariposas que es el Señor-adentro, en mí.

El Reino de los Cielos me rodea. El Reino de los Cielos
es el Cuerpo de Cristo, y cada mediodía toco a Cristo.

Cristo es Cristo madre, y en Él viene mi madre a visitarme.

Hospital Británico, Héctor Viel Temperley.6

 

¿Hace falta el poema para perderse en la distancia? Todo hombre posee una superficie que lo arranca del mundo. Ya sea el pensamiento, el goce, el sueño, la estupidez, las drogas, la meditación que nos transporta a un mundo mejor. En un sistema de actos que permite eslabones, para pasar de un sistema a otro; en ese trayecto nos dota de inmunidad contra el mundo que parece demasiado exigente.

 

La lectura de poesía nos conduce hacia lo que carece el mundo cotidiano, nos conduce al paraíso artificial. Mientras que el lector busca la plenitud, el goce; en fin, una acción liberadora que lleva al (re)encuentro. En esa aspiración y ruptura de espacio y ser, se recoge uno en la quietud. Leo para romper la distancia y el tiempo. Disculpen, no recuerdo la cita.

 

Desde Homero, se ha intentado describir el poder de la poesía, al deshacer el encantamiento de la realidad y trasladar al lector a un mundo mejor. En el tiempo en que la conciencia se pone a trabajar como fuerza creadora para mejorar el mundo la poesía, consuela y solícita quedar, como el mejor espacio de retiro. ¿A dónde nos lleva la poesía? Repito. La especificación del lugar sigue siendo vaga; sólo es seguro que durante la lectura no se puede estar nunca del todo en el mundo, y no se puede regresar como si nada y no ser el mismo.

 

Notas

1 Jitrik, Noé, Del orden de la escritura, en Revista Discurso. Teoría  y análisis, No. 18, UNAM, México, pp. 73-94.

2 Op. Cit., p. 75.

3 Op. Cit., p. 78.

4 Gadamer, Hans-Georg, Verdad y Método I, Sígueme, España, 2003, p. 141.

5 Milán, Eduardo, El poema como errancia, en Resistir, FCE, México, 204, pp. 31-33.

6 Viel, Temperley Héctor, Hospital Británico, UAM, México, 1997, p. 14.

 

Ramón Peralta (Ciudad de México, 1972). Vive, cocina y  duerme en Lisboa.

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Paginação:

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