ANO 4 Edição 65 - Fevereiro 2018 INÍCIO contactos

Adán Echeverría


La coisificación de la mujer en un cuento de Chejov

Lo que le pasa a Aniuta tiene que ver con la pobreza. Imaginársela lanzada a la calle en una noche nevada, porque Klochov, el estudiante de medicina, con quien ha estado viviendo siente vergüenza por las críticas a su habitación y a su descuidado aspecto que le ha hecho el pintor Festisov: “Perdóneme, Klochkov; pero vive usted... como un cerdo.”


“Aniuta”, un cuento del ucraniano Antón Chéjov (1860-1904) es, como muchas de sus narraciones, un texto que causa un efecto emocional inmediato. ¿Pero cómo logra tal efecto el autor? Porque nos hace mira dentro del cuarto mismo donde se desarrollan los diálogos de las cuatro escenas: Klochov usando a Aniuta como maniquí de anatomía, la entrada de Fetisov para pedir prestado a Aniuta, el monólogo del estudiante de medicina para decidir el futuro de la chica, el regreso de Aniuta para escuchar que le digan que se vaya y después que puede quedarse si lo desea. Maestro de la dramaturgia, Chéjov recurre a esas descripciones escenográficas, tan bien modeladas ahora con el uso de las cámaras de vídeo, para el cine o la televisión, y desarrolladas magistralmente en el siglo XIX. Uno mira como la delgada Aniuta usada, prestada, sacada de la habitación y al final, casi, casi, perdonada. Nos conduele lo mujer florero en que percibimos a esta chica. Chéjov nos ha evidenciado el machismo ruin de aquella época, un machismo clasista, que ocurre desde la universidad: la mujer ignorante le sirve a los juveniles hombres de la historia.


Aniuta es una joven “morenilla de unos veinticinco años, muy delgada, muy pálida, de dulces ojos grises”, que para sobrevivir al frío del clima, al hambre y a la soledad, vive con universitarios en cuartos rentados de estudiantes. Al momento de la narración, el autor nos cuenta que Klochkov es el sexto joven universitario con quien la chica ha vivido en los recientes 6 o 7 años. Es decir, que desde los 19 años Aniuta ha tenido necesidad de compartir cuarto, colchón y sexo, con estos esporádicos amantes, a los que entrega cariño, voluntad y apoyo, y de los que recibe, al parecer semen, alguna caricia, compañía, durante el tiempo que duren los estudios de los universitarios, y luego es olvidada por ellos al terminarlos.


Chéjov es capaz de evidenciar a esta mujer sumida en la pobreza y como es utilizada por estos jóvenes, para servirse de su compañía durante sus estudios, para presumirla un poco: “Todos sus amigos anteriores habían ya acabado sus estudios universitarios, habían ya concluido su carrera, y, naturalmente, la habían olvidado hacía tiempo. Uno de ellos vivía en París, otros dos eran médicos, el cuarto era pintor de fama, el quinto había llegado a catedrático.”


Al momento de conocer a Aniuta, vive con Klochkov. Aniuta de 25 años aproximadamente, mientras el estudiante apenas va en el tercer año de medicina, esto implicaría que es menor que ella, de alrededor de los 20, cuando mucho 22 años; nos dicen que no es un gran estudiante, y que tampoco es un personaje pudiente económicamente: “Mi padre no me manda más que doce rublos al mes, y con ese dinero no se puede vivir muy decorosamente”.


Sin embargo, a pesar de ello, el hecho de ser estudiante lo pone por encima de la chica, porque puede pagarse un techo, cosa que Aniuta al parecer no. Y es por ello que el destino de la chica nos pega en el intelecto, saber de su fragilidad, saber que no tiene los medios, que no tiene la educación para resolver por ella misma la situación en que se encuentra y que será dejada de lado en poco tiempo: “Klochkov no tardaría en terminar también sus estudios. Le esperaba, sin duda, un bonito porvenir, acaso la celebridad; pero a la sazón se hallaba en la miseria. No tenían ni azúcar, ni té, ni tabaco. Aniuta apresuraba cuanto podía su labor para llevarla al almacén, cobrar los veinticinco copecs y comprar tabaco, té y azúcar.”


Klochkov la utiliza para poder repasar un tema de anatomía, checar la posición de los pulmones en el cuerpo de la chica. La chica se desnuda para esta operación, a pesar del frío que deja caer la nieve en la ventana. El estudiante ni siquiera se fija que la chica está quedando azul por la hipotermia a que es sometida. Y ella, quiere ser dedicada, piensa, dentro de su ignorante pobreza que él chico está muy por encima de ella, y lo respeta al grado de querer ayudarlo en todo lo que puede sin molestarlo ni distraerlo: “Si no me estoy quieta -pensaba- no saldrá bien de los exámenes.”


Pero para Klochkov ella es apenas una chica para tener en casa, calentarse, desfogarse sexualmente, utilizarla como maniquí, para que le limpie la casa, para presumir a sus vecinos, o en este caso, para prestársela al vecino pintor para que pose para él, desnuda claro, aunque Aniuta se queje, apenas:


“-Vengo a pedirle a usted un favor -le dijo a Klochkov-. ¿Tendría usted la bondad de prestarme, por un par de horas, a su gentil amiga? Estoy pintando un cuadro y necesito una modelo.


- ¡Con mucho gusto! -contestó Klochkov-. ¡Anda, Aniuta!


- ¿Cree usted que es un placer para mí? -murmuró ella.


- ¡Pero mujer! -exclamó Klochkov-. Es por el arte... Bien puedes hacer ese pequeño sacrificio.”


Pero a pesar de todo lo que Aniuta hace por los dos, aún cuando coopera con su compañero de cuarto, Klochkov la corre de la casa. Le dice que las cosas ya no pueden seguir así, la acusa de sucia, de desobligada, de tener la casa hecha un asco, y que las cosas no iban a durar de todas maneras: “Escucha, querida... Siéntate y atiende. Tenemos que separarnos. Yo no puedo ni quiero ya vivir contigo.”


Aniuta resignada decide irse, para no importunarlo. Y es cuando Klochkov se muestra hasta magnánimo, dejándola quedarse por un tiempo más: “Ella estaba ya a punto, y se volvió hacia él, con el envoltorio bajo el brazo, dispuesta a despedirse. A Klochkov le dio lástima... ‘Podría tenerla -pensó- una semana más conmigo. ¡Sí, que se quede! Dentro de una semana le diré que se vaya.’”


Un cuento emotivo, que evidencia las clases sociales del siglo XIX, las necesidades que existían para diferenciarnos los unos de los otros en cuanto a la propiedad privada, en cuanto a la economía y las carencias. En una ciudad donde cae la nieve gran parte del año, tener un techo es algo necesario, tener leña, poder tener algo caliente para beber, tener un lugar donde dormir caliente. No sabemos la vida anterior de Aniuta más allá de los últimos seis o siete años en que su vida ha sido similar a la que nos presenta el texto, es usada por estudiantes, ella pone de su parte, pero aún así la dejan; ella ha decidido vivir con chicos universitarios que la traten de como cosa. El dibujo que Chéjov nos muestra evidencia que no le ha quedado de otra. Vive con ellos como una idea de supervivencia. ¿Qué puede hacer, irse a la calle y morir de frío? ¿Buscar un albergue donde algún ebrio de los ‘sincasa’ la doblegue? ¿Trabajar en un burdel? Al menos estos chicos son más limpios, sanos, chicos de familia que hasta se sienten hombrecitos manteniendo a una mujer con ellos.


Los ojos dulces que Chéjov le asigna a Aniuta nos habla de esa mujer ternura que sigue presente en ella a pesar de las separaciones que ocurren cuando los estudiantes la abandonan. Su modus operandi ha sido el mismo, empujada por la sobrevivencia consigue habitación para no morir de frío. Y sin embargo es cosificada por los estudiantes, incluso por Klochkov, y por el pintor Fetisov: “¿Tendría usted la bondad de prestarme, por un par de horas, a su gentil amiga?”


Aniuta que no tiene más destino que el que se mira, y el autor deja escrito; no tiene posibilidad de salir adelante de ellos, de pasar de largo y lograrlo sola. Lo trágico se evidencia en el deseo futuro de que algún estudiante se enamore de ella, y decida salvarla, terminando los estudios y quedándose con ella. Pero nos indica lo escrito que han pasado así seis estudiantes, ella tenía 19 años ahora tiene 25, y el tiempo seguirá pasando. Nos da la evidencia de que por lo menos dos semanas más se quedará con Klochkov, ¿y luego? Sin embargo Aniuta es capaz de desearles lo mejor, de compartir con ellos: “Aniuta se puso de nuevo el abrigo en silencio, envolvió su labor en un periódico, cogió las agujas, el hilo... - Esto es de usted -dijo, apartando unos cuantos terrones de azúcar.”


¿Qué es la mujer ahora en el siglo XXI? Su comportamiento las ha alejado de ser diferentes a Aniuta. En eso debemos cifrar nuestro deseo. Que las parejas se formen respecto a los deseos y no a las necesidades, menos a las necesidades de no pasar hambre, de tener un techo donde dormir. ¿Acaso ahora en el siglo XXI hemos logrado salir de esa cosificación con el que miramos a la mujer en la historia de Aniuta? ¿Cuántas Aniutas siguen existiendo a nuestro alrededor? ¿En nuestros espejos vemos a las Aniutas modernas?


Vos qué me respondes.

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Doctor en Ciencias Marinas. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía “ ropero del suicida” (2002), “Delirios de hombre ave” (2004), “Xenankó” (2005), “La sonrisa del insecto” (2008), “Tremévolo” (2009), “La confusión creciente de la alcantarilla” (2011), “En espera de la noche” (2015); los libros de cuentos “Fuga de memorias” (2006) y “Compañeros todos” (2015) y las novelas “Arena” (2009) y “Seremos tumba” (2011). En literatura infantil ha publicado “Las sombras de Fabián” (2014), cuento ilustrado por Steffy Burgos.

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