ANO 4 Edição 44 - MARÇO 2016 INÍCIO contactos

Fernando Cuartas Acosta


LA RESIGNIFICACIÓN Y EL PROCESO DE RESIGNAR

 

Existen en la vida cotidiana elementos del habla que nos tratan de definir situaciones, las palabras hechas como escudo y como recetario para tratar de dar significación a nuestras experiencias. Más muchas veces están tan contrahechas y tan estereotipadas que van careciendo de sentido, quedan ahí puestas como una tachuela del lenguaje, como comodines de repetición rutinaria, que si uno se detiene en ellas descubre que están hueras, que han perdido el sentido o que fueron creadas sin el poderoso componente del asombro y la capacidad casi mágica de nombrar como demiurgos, que se hacen estereotipos sin la magia de la capacidad de dar nombre a las cosas y lugares.

 

Los niños son como Adanes primigenios, les encanta nombrar, crear nuevas interpretaciones, jugar con los sonidos darle giro a los términos. Dice Gianni Rodari, que siempre existirá un niño que pregunta, un creador de una  gramática de la fantasía, una calidad de asombro en los juegos del lenguaje, las palabras se vuelven dúctiles, material maleable, sonoridades y enigmas, que advierten que no todo está dicho y existen muchas cosas por volverse a decir.

 

Los caminantes son en ese sentido otra forma de niñez recuperada, salir es convertir el mundo de la aventura en un discurso que deambula. Los problemas que circundan en  la cabeza, muchas veces, son sólo agonías impuestas, si se sale a caminar, se convierten en corazón, vértebras, pulso y ritmo, que sosiegan, recrean, intuyen otras percepciones de la realidad, se crea una gramática ética, la de la compañía, la de las relaciones sorprendentes entre el caminar y el entorno, es cuando se recrea el lenguaje, se reinventan otras lógicas perceptivas. Todo devine en camino, se hace y nos hacemos camino, en ese sentido no se exagera cuando se dice vaga-mundo, errar por los lugares donde la vida nos depara posibilidades de ser errantes. Palabras como agua-cero, adquieren otra connotación en el viajero, ya no es agua y cero a la vez, podría ser agua mil, agua a montón, mejor decir se nos vino un temporal, que pensar que sólo es cero agua. El temporal  es también lo intempestivo, como tempestad, otro tiempo que nos cambia, nos humedece y nos recoge. El viajero sabe que no se larga el agua, se nos llega, se nos viene encima.

 

En ese  sentido, David  Cooper, en su libro “La gramática de la vida”, nos plantea que las palabras no dan soluciones, por lo contrario nos increpan, nos cuestionan, sirven para indagar y dejarnos otros problemas que se desnudan en el quiebre de paradigmas, de convenciones. De una manera más radical, nos propone estructuras liberadas, liberar el sentido normativo, estructuras de riesgo, pulsión y placer, asumir la responsabilidad de nombrar, casi demiurgos de nuestra relación cotidiana con el lenguaje. Nombrar es un juego onírico, donde el yo se restituye en una multiplicidad, asumir los actos inconscientes como parte integral de nuestro devenir. Se trata de reinventarnos a diario, de ser “el otro” y el “no nombrado”, ser a plenitud ese ser que no siendo ya es, y que siendo en otro a la vez, lo que somos en relación a la cultura y a nuestras vivencias, y también en relación a nuestra creatividad. El acto de re-crear, PALABRA QUE POCO TIENE QUE VER CON ENTRE-TENER. No se trata de tener, de entre-tener para amarrarse a un código de tenencias, es algo más, es volver al re-creo, la lúdica de ser, no ensimismado, sino un si abismado, alerta, capaz de entender los deslizamientos y las crisis, sin encerarse en Si, sino abierto a una noción-emoción, una lógica capaz de destruir el lenguaje convencional, buscar otros decires, crear otras relaciones con lo real.

 

Más que una comunicación es una comunión natural de los sentidos, una re-signación, no en el sentido judeo-cristiano, sino en el sentido de tener la capacidad de cambiar los signos de la domesticación. Si el lenguaje tiene elementos que nos destruyen, que de una manara alienan, también el lenguaje  restituye, crea otra realidad plausible, nos vestimos de palabras no para parecer vestidos, sino para  desnudar lo que nos ata, por eso des-nudar, es quitar el nudo, salir de esa nominación que nos amarra a realidades que pueden estar anquilosadas. Liberar la esperanza contra la desesperanza, quitar la arruga de lo cotidiano para extender la imaginación por la inmensidad de nuestra capacidad de sentir sin miedo. Para esto se opta por la renovación de la mirada. Fisiológicamente podemos ver, pero el mirar es una construcción cultural. Remirar lo ya visto, crear una nueva percepción de la mirada. De niños nos pintaban a un ser omnisciente que miraba desde un triángulo de luz, un principio rector del Mirar. Luego nos hicieron creer que había que mirar desde el principio del que prescribe, del que dicta, del que asume un logos que nos ayuda a confirmar nuestra manera de mirar. La propuesta vital es volver a mirar, salirse del ángel guardián que nos dice que pasos dar para no caer. El tutor invisible que la sociedad ha construido para direccionar nuestras vidas, esa mirada univoca es la que hay que resignificar para dar otro sentido a los sentidos. Dejar el sentí-miento por un sentir con menos escrúpulos pero con más dignidad. No se trata de extrañar al otro, sino de entrañarlo, que extraña ya hace al otro un extraño, que entraña lleva al otro ser en sus fueros internos, lo convoca y dialoga con él aún este en la lejanía. No se trata de la búsqueda de la realización, ya somos reales, corporales, ya somos seres que existen, es preferible decirnos que nos buscamos y nos hacemos en nosotros mismos sólo en la relación dinámica con los otros. La mentira de los libros de auto ayuda es pretender que somos seres buscando realizarnos, y es muy al contrario, ya somos parte de la realidad, pero una realidad que se puede cuestionar, que se reinventa, que se hace solidaria como humanos en tanto que tengamos humanidad para compartir, sentido del vivir y no milagros para justificar nuestros actos, o teorías de “usted puede” , “usted gana”, cuando nadie es un Robinson Crusoe, solitario y desmembrado de la comunidad que  nos toco por suerte. Somos mundanos, esto es pertenecemos al mundo. Como mundanos reconocernos, como seres que se reconocen somos seres nos salimos del concepto de “un observador” que mira el afuera de si para verificarlo y constatarlo, principio de una ciencia pragmática, para volver a una mirada donde el otro soy yo, en convivencia natural, nadie es más que  el que supuestamente está afuera. Circulamos, pero más que circular, fluimos, pues el circulo de alguna manera encierra un anillo de donde el sólo fluctuar se hace giratorio y no holista. Si señalamos lo ajeno como lo no propio, establecemos un límite que pretende una diferenciación falsa, ese otro que está al frente también nos hace, no nos pertenece, pero si nos hace, nos confronta y a la vez nos enseña.

 

El que quiera celeste que mezcle azul y blanco, más que un esfuerzo vano, en busca de metas y éxitos, mejor  no te metas en un  éxito sin excitaciones, lo que es igual a no pretender ni cielo ni infierno, ya tenemos suficiente con sabernos vivos y lo poco o lo mucho es lograrnos mejores mezclas, mejores intercambios, mejores relaciones entre naturaleza y eso tan incoherente que llamamos ser humano. Reconocer que todo tiempo pasado fue anterior, nos quita esa abulia del presente y esa nostalgia de que ayer fue mejor todo. Y ser tan objetivo como el humor que se  nos viene como una avalancha de acertijos, para sabernos más cercanos y no esa inmensidad de lo no dado, mejor decirnos, si la montaña viene hacia ti, corre que es un derrumbe. Y así dejaríamos eso de los dichos sobre los caminos, cuando expresamos que el camino del cielo está empedrado de tunas y dificultades y el del infierno de placeres y bohemias, pues ningún camino es cierto si no lo has transitado,  si lo transitas saca lo mejor de él.

 

Lo importante de todo esto es que no hay que tomarse la vida en serio, pues a pesar de todo no vamos a salir vivos de ella. Y tener en cuenta a la vez, que lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse. Por lo tanto no le hagamos fila antes de tiempo y disfrutemos de esta existencia, pues no se ha comprobado que haya otra, y si la hay, por favor que no se parezca a esta. La vida en serio es casi en serie, una sucesión de códigos, de barras y de parámetros demasiado rígidos. El buen sentido del humor, no el chiste pedante y la bufonada irrelevante contra las mujeres, los homosexuales, los negros o los que o son distintos carece de valor. La risa abierta como una espada que quiebra la robusta quietud de nuestras vidas austeras y  mojigatas, un verdadero proceso de re-significación consciente pasa por la risa, último gesto que nos queda cuando exhumamos nuestros cráneos y contemplamos la risueña y devastadora calavera riendo a más  o poder de toda nuestra historia.

 

Tengamos en cuenta que si alguien escribe burro con V, no tiene la culpa el pobre animal, es sólo que su capacidad de entender el lenguaje no le da para crear otra palabra y hacer las que existen cada vez más mal. En esas  nuevas gramáticas no se trata de pervertir las palabras sino de  volverlas a verter, pervertir, volver a lógicas acordes con la vida misma. La palabra medio-ocre, que tanto nos dolió desde infancia con los juicios de los profesores, no es un drama ni un insulto, mediocre es el medio oro, la pátina que le daban a los cuadros en Bizancio, una manera de preservar el oro opaco de los marcos, exquisitez sin mucho brillo necesario. Si lo aplicamos a nuestras vidas podría ser que tengamos nuestro propio brillo necesario, sin el hostigante oro subido de la ostentación. Lo mismo podríamos decir de la palabra salario, donde se advierte que somos aún esclavos, antes su trabajo valía en sal y se trabajaba de sol a sol, o mejor entre las horas solares, ahora seguimos entregados al trabajo donde el dueño gana ganancias y ventajas, y el obrero sigue en su salario. Las palabras testamento y testar vienen del acto de hacer un inventario de bienes y dejar constancia quien lo va a heredar. Esto en últimas no es más que hacer visible la testa o cabeza de quien otorga el beneficio. Una persona testaruda, no es simplemente un terco o un empecinado  obtuso, puede ser que el que testa rudo, hace su inventario de vida sin ambages, sin adornos, directo y escueto. O si es Testaduro, su cabeza no es que este blindada para el conocimiento, tal vez su relación cultural, su entorno, no le permita entender conceptos que nosotros daríamos por obvios.

 

Palabras tan cotidianas y corrientes se pueden resinificar, por ejemplo la palabra simple, que para muchos es personas sin mayores atributos, o carente de sabor o sustancia para la vida, se cae el término cuando encontramos que muchas cosas simples no carecen de profundidad, que no es tan simple en tanto que nadie  está libre de complejidad y  que lo que aparenta nimio es una grieta que se agiganta cuando la miramos en sus múltiples dimensiones. La misma palabra término, que crea una contundencia, un “hasta aquí se dijo” aquí terminó cualquier nueva objeción, lo cual nunca es cierto, no existirían términos sino comienzos,  reiniciaciones, así, nunca una palabra esta acabada y ya dice lo suficiente. Una bella palabra que nos indica que podemos decir lo que nuestro intelecto y sentir depare, es expresar, que sería dejar de  ser preso, ex presidiario, busca la expresión, volver a decirse, volver a tener la palabra, ser autónomo en su logos.

 

Así como esos ejemplos anteriores hay muchos, basta con remirar nuestras expresiones corrientes y pensar que de verdad nos dicen. Para nuestro uso diario una persona que le digan perro es un astuto, un sigiloso, un embaucador  de mujeres, pero la palabra perra en una mujer suena despectiva; lo mismo que decir zorro, lobo, entre hombres suena a un crédito en su vida amorosa, a una astucia más conseguida, lo contrario sería si dijéramos, loba o zorra, creando una verdadera segregación en el lenguaje y por lo tanto un vínculo alienante con la realidad.

 

La palabra dicha si es bien dicha es una dicha. Algo así como el que habla o escribe siente la vibración de las palabras, es una dicha su lenguaje, se siente, se saborea, se deleita, juega en él, dice en su dicha, en ese campo no hay dicha sin el otro que escucha, aún se hable solo, hay otro solo invisible que escucha, el otro ser que hay en uno, si es que así se podría decir. En ese aspecto me acuerdo de una frase de Les Luthiers, frente al “yo” y al super “yo”, está “el què se yo” y ese qué se yo esta siempre indagando en nuestra capacidad de renovación y de re significación de realidades. Y recordando con este mismo grupo musical cómico y pensante, y a propósito de la salud diríamos con ellos: “La medicina ofrece curar dentro de cien años a los que se están muriendo ahora mismo”, es bueno pensar entonces que quien más necesita al médico es el mismo médico, pues muchas veces el paciente, es sólo eso,  un paciente donde el médico ejerce su tutela, observador que no deja ser observado, vigía que no permite ser cuestionado.

 

Para terminar, vuelvo a decir, que el poeta logra en su dimensión creadora una reconfiguración de las palabras, un nuevo juego en ellas mismas, una presencia que desbloquea un uso rutinario e insípido, por una relación más lúdica, misteriosa y encantadora. Si “la luna es un banco de metáforas arruinado” es porque la hemos gastado, su nombre mancillado, le hemos puesto un uso poético cada vez más desabrido y poco provocador. La luna sigue siendo Luna, y si el poeta la nombra la convierte no sólo en diosa blanca, en señora de la noche, es también la que influye en las tormentas, la que ayuda con las mareas, la que mueve los ciclos de la sangre, la que ayuda al fluir y al devenir entre los mares, algo que puede parecer mucho más de la física o la ciencia en sí, pero que es poderosamente poético, abismal e inquietante como sus devaneos por la bóveda celeste. Así, con todo, hasta una brizna de hierba, o la famosa frase de encontrar poético una máquina de coser y una mesa de disección y un paraguas, de Lautréamont,  o una zanahoria en un tejado como lo diría Luis Tejada entre nosotros. El asombro está en todas partes, hay que volver a recuperar la mirada, encontrar poesía en lo majestuoso del mundo como en la precariedad y la simpleza de los momentos aparentemente más inocuos.

 

Darnos cuenta que cuando alguien mata una paloma queda un agujero en el cielo, o cuando alguien siembra un árbol perpetua una nube con raíces, o cuando los fusiles dejan de disparar cuando pasa un colibrí, hay poesía. Cuando un niño asegura que los hombres vienen del mico, pero los niños vienen de ardilla porque juegan más, no sólo cuestiona la lógica formal, crea un  poema de una gran carga simbólica. Poética de la vida cotidiana: un niño asevera que las vacas y las piedras son hermanas, cuando la vaca duerme se convierte en piedra y cuando la piedra se despierta se convierte en vaca, metáfora bellísima desde la mirada de un niño que contempla a nuestras piedras negras y blancas como a nuestras vacas también blancas y negras rumiando geología o hierbas en la plenitud de los potreros. De esas cosas cargadas de poesía están hechas nuestras vidas, hay que buscar tumbar las trampas para volver a contemplar. Contemplar es crear un templo, más que deidades, se encuentra el temple, la iniciación templaria, el sentido de la alquimia de la vida, la capacidad de la transmutación de los objetos en  arte, un arte natural, un arte sano, arte asociado a la relación con la naturaleza no como si fuéramos ajenos a ella sino en relación con ella y desde ella. Tal vez los antiguos humanos prehistóricos, los aborígenes americanos, algunas tribus que construyen esas arte-sanías, ese arte sano que convive con el medio, nos podría dar una idea de esa significación de los objetos más allá del valor de uso su valor simbólico, la espiritualidad y sus afectos con las amistades logradas con el entorno.

 

En pasada salida recordando el Viaje Pie, del filósofo poeta Fernando González Ochoa, un grupo de caminantes en medio de la realidad sofocante por el sol en los cañones de los ríos y en la inmensa bastedad de las montañas a subir o por bajar, descubrimos una amburrancia de primeros auxilios, una burra errante entre canalones que nos sirvió para sacar a la carretera a unos cansados caminantes. Encontrar la inmensa validez de la palabra atravesar, a través de, tránsito que nos lleva escudriñar mundos, pasar al otro lado de la dificultad, de ahí la bella lógica de la palabra travesía y aún más la lúdica que implica la palabra travesura, como algo que nos atraviesa el entendimiento, como algo que atravesamos para conocer o por conocer. Salir es salir tras el Mito, el que cada ser se inventa o provoca, el que nos toca asumir como creadores, por eso vamos  en un trasmito divulgar y sentir nuestros mitos, no mentiras sino lógicas diferentes de conocimiento. La prensa y los medios de comunicación llamados miedos de comunicación,  no está en el trasmito sino en el trasmiento, informa, en el sentido de uniformar, de dar forma a un dato, a una capacidad unilineal del decir, en el caso del que ofrece el Mito, el símbolo, la analogía , es otra mirada del entorno. Un jefe indio dice: “Hay  que ir donde el verde languidece, las tormentas pierden fuerza, la sequedad ahoga y las piedras están sobrepuestas para hablar con el sol”. Tal vez esto no diga mayor cosa en nuestra cultura lineal, enseñados a datos cuantificables y de una coherencia pragmática. Pero es la cifra poética, el lenguaje que alude, que seduce y que induce a otras formas de sentir. Si lo traducimos lo matamos, pero dice algo así: “Hay que ir hasta donde se acaba la selva, donde hay pocas lluvias y aparece el desierto, donde se han  construido templos de piedra que están alineados con las puestas del sol y las estaciones de luz” Algo así como una prueba de iniciación de un ser que hace el acto de trasmito”, acto que está dentro de la gran tradición  oral de nuestros pueblos. Y que practicamos a diario cuando queremos contar un sueño o hablar de  una salida de campo o de un libro que ha impactado en nuestras percepciones.

 

Todos sabemos a qué se refiere un molino, bueno hasta que don Quijote los confundió con gigantes que movían sus brazos con la rapidez del viento. Hemos visto esos ojos de viento que levantan papeles y agitan la basura por las calles, esas cabriolas del aire que asustan y mueven tejas y levantan asombros. En gran dimensión se llaman tornados, pues tornar es volver, de ahí la palabra retornar. Los abuelos eran más sabios cuando decían “después dela tempestad vuelve la calma” lo cual alude a  los tiempos de ventisca y de dificultad todo torna de nuevo a calmarse. Un tornado nos hace pensar que todo ha de tornar y si el remolino es grande más fácil a de parar. Aplicado  la vida cotidiana no hay temporal que desborde el tiempo, y de una u otra manera todo se puede sortear. Bueno, sortear, es jugar las suertes, es algo de azar, en el fondo es confiar en una manera súbita, casi inesperada de resolver un problema o pasar una dificultad. La vida ofrece ejemplos sorprendentes de ese tipo de resolver problemas, donde menos se espera, donde menos se ha visto, donde casi nadie advertía está el nudo del asunto. Todo vuelve a ser una cultura nueva de la mirada, una creación colectiva y la vez singular de saberse en el mundo y dar cuenta de él.

 

La palabra abur, tan común en la poesía de León de Greiff, indica cansancio melancólico, tristeza inesperada, de ahí la palabra aburrido, pues bien, aburrido seria lo menos aburrido, pues si el abur se ha ido, nadie tendría porque estar bajo la queja la abur-acción. La abur-acción es la actitud que asumen hoy muchas personas que no saben qué hacer, esa dejadez inesperada que ata la acción. Pero si se es aburrido, es porque no existe el abur que lo genera, ya se ha ido, toca ahora salir del lugar que lo atrapo y generar una acción como crea-acción.

 

Responder es una palabra que designa la capacidad que tenemos para dar replica, para contestar o para anunciar que podemos dar cuenta de una pregunta. Pues en la vida diaria anunciamos con mucha fuerza la palabra irresponsable como alguien que no responde, más si  nos detenemos más en ella descubrimos, que ha quién responde, cómo debe de responder, el no responder o el responder ¿a quién corresponde?  En los lazos amorosos, digo lazos amorosos por que así se manifiestan muchas veces, existe la queja que uno de los dos no corresponde, lo que se trastoca aquí no es el acto de no responder, la pregunta que nace aquí cómo socialmente se a adjetivado la manera de responder. Los esponsales, de ahí la palabra esposos, son unos corresponsales que han respondido, pero el acto de irresponder crea malestar, se hace un ser que no responde cuando se desescolariza, cuando huye de la familia, cuando no “responde por sus obligaciones, se hace irresponsable, más pocos se preguntan a qué responde esa persona, cuáles son sus apetencias y sus búsquedas, que tipo de no respuesta ejecuta y por qué. Muchos de nosotros somos irresponsables no siempre respondemos a todo, no siempre tenemos capacidad de réplica ni de dar respuesta, podemos responder a unas cosas y a otras no, eso indica que la acción de no respuesta no es ni punible ni obedece siempre a una alteridad. Es una condición de  sujeto, una manera de ser.

 

Hay palaras que causan polémica más si estamos dentro de un lenguaje médico, por decir algo, re-medio, no es más que un medio aplicado varias veces, el remedial no es más que una segunda prueba, más si se busca aliviar, mejorar, no siempre es garantía que repetir procedimientos sea lo más productivo, lo más re-mediante. Es pensar que existe una mediación. “Un dios mediante”, una media o medida que autorice mediar, lo cual nos puede llevar a sólo medicar pensando que por cualquier medio existe un re-medio. La medicación está muy cerca de esa idea de remediar, de aliviar, aliviar es quitar cargas, es hacer liviano el tránsito, es también esquivar el peso de la vida, sus percances y sus fortalezas. Medicar se ha convertido en ser mediador entre quien dictamina y quien como paciente asiste a la formulación. Dictaminar no es más que un dictamen, quien dicta se hace dictador, no siempre como un condotiero o general de un estado, pero si él que se atribuye potestad para dictar. Se dicta clases, se hacen dictados, se hacen dictámenes, pero y ¿qué pasa del otro lado? Existe un paciente, un alumno, un cliente, un subordinado. El paciente busca una paz que se siente, está débil, quebrantado, angustiado, busca esa paz que se siente, pero a veces sólo encuentra la fórmula, la dogma, el camino univoco, deja de existir para el otro, se convierte en un campo de aplicabilidad de un vademécum. La posibilidad se abre en el logos, en la palabra, en ese dia-logos, relación entre pares como seres humanos que se buscan para entenderse en sus debilidades y en sus fortalezas.

 

Ese otro es uno en otras dimensiones y posibilidades, no se trata de dictarle al otro un qué hacer, es encontrar momentos de logos comunes, de ver en dónde el conocimiento de ambos se engrandece y se crean una paz y ciencia, una paciencia de observaciones que permitan superar las dolencias o las crisis.

 

Cada palabra tiene un peso, una connotación que va más allá de un objeto designado en ella, la palabra es como un ábrete sésamo, alivia en gran medida, descansa, relaja, encuentra otras resonancias, nos vuelve a la infancia, nos deja una añoranza o una idea que flota hasta llevarnos a otras, son relaciones, amistades de unas con otras, se juegan se ensordecen, se agitan, se agotan, resplandecen, se olvidan y vuelven. Cada palabra puede ser magia o insulto, acritud y belleza, seducción y  quebranto, existen y cada uno de nosotros les damos el sello y la finura que nuestras mentes les ofrecen para que florezcan.

 

Volvamos al goce de las palabras, a buscar sus más recónditos significados y a brindarles otros posibles nuevos contenidos, una aventura del lenguaje que nos ayudará a pensar distinto y a la vez a crear otros nexos más abiertos y menos restrictivos con la realidad.

 

Muchas Gracias.

 

Fernando Cuartas Acosta. Nacido, si tal condición puede ser inscrita como el lugar donde se recorrieron las primeras calles y se tuvieron los primeros amores, en el municipio de Bello. Hace unas seis décadas y unos suspiros más. He vivido 30 años con un proyecto editorial y revista llamada PUNTO SEGUIDO, al lado de John Sosa y su grupo de colaboradores. Miembro fundador de publicación y del trabajo divulgativo LABERINTO LUNARIO, de la Universidad Nacional. Asesor cultural y actuante con comunidades en proyectos de literatura infantil y juvenil. Con la casa de la cultura de Bello, con la casa de la cultura de Abejorral, Supía, Jardín, Santo Domingo, entre otras. Mantiene un programa radial (TALLER DE LUNA) en la emisora U.N. Radio. Medellín, Colombia. 

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Revista InComunidade, Edição de Março de 2016


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