ANO 3 Edição 32 - MARÇO 2015 INÍCIO contactos

Javier Payeras


ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO: EL RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE (LAS ESTRATEGIAS DE LA SEDUCCIÓN)

 

El relato “El despertar del Alma” es un objeto extraño dentro de ese diván llamado Literatura Nacional. Se establece afuera de  los temas canónicos que perfilan la mayoría de las abluciones edípicas donde el apego a un territorio —entiéndase histórico o ideológico— hace añorar el regreso y la reinvención de una patria. 

 

Con esta obra Enrique Gómez Carrillo inicia las tres novelas autobiográficas que tituló “Treinta Años de mi Vida”, donde reconstruye las primeras experiencias de su formación como escritor, siempre relacionadas con ese sueño de escape del pequeño y provinciano entorno donde se desenvuelve su niñez.

 

Cada capítulo indica un esquema de relaciones que gradualmente lo conducen a un despertar, entendiendo este verbo como una toma de conciencia de sí mismo y de su espacio. El despertar de una claridad de afirmación.  

 

Con toda seguridad se trata de una cronología de las relaciones que forman al personaje “Enrique Gómez Carrillo” en la reducida sociedad de su pequeño país, tras la construcción de sus valores y la asimilación de ciertos rasgos culturales de ruptura y acercamiento con su origen. 

 

El esquema usado para re-construir sus primeras experiencias, es el que puede aplicarse a la crónica: ¿Quién?, ¿cómo? y ¿dónde?, fórmula que introduce en la descripción de su entorno, retornando a los sitios de su infancia y las relaciones estratégicas con su familia y con todas aquellas personas claves en su desdoblamiento,  tanto en la negación como en la afirmación de su personaje.  

 

*
El entorno

 

Gómez Carrillo comienza el libro haciéndole una falsa confesión a su amigo, don Fernando Álvarez: “Yo, señor, nací en la Muy Noble y Muy Leal Santiago de los Caballeros de Guatemala”. Cualquier persona informada sobre este país, sabe que tal título no le corresponde a la Ciudad de Guatemala, sino a la primera sede de la Capitanía General del Reino, la Antigua Guatemala. Un detalle que de inmediato provoca la suspicacia del lector, sobre la intención del cronista de darle a su ciudad de origen un aire enigmático.

 

Pasando de la anécdota primera, inicia el melancólico inventario descriptivo de la casona, el vecindario y la ciudad de entonces. Re-visitando punto por punto la cartografía del entorno de su infancia y definiéndolo, en una rara mezcla de ironía y solemnidad, como un exótico jardín de cielos azules. 

 

Su aguda relación narrativa entre la observación y la introspección, lo lleva a vincular sus primeras aventuras junto a los demás niños del barrio —donde admite un talento prematuro por lo delincuencial— con su posición ante el estricto celo de su familia por conservar el buen nombre y la posición dentro de los círculos sociales citadinos.

 

La ciudad de Gómez Carrillo es la metrópoli pequeña y asentada en una muy marcada diferencia de clases, donde la condición criolla de su familia lo dejaba dentro una estructura basada en mantener las apariencias y la reivindicaciones de abolengo europeo, propios del castizo venido a menos.

 

La familia

 

La neurosis familiar descrita en el Despertar del Alma, es una dicotomía entre el padre y la madre, personajes que caracterizan fuerzas y símbolos que Gómez Carrillo relaciona constantemente. La madre es la generadora de la coherencia y la seguridad. El padre es el idealismo y la ingenuidad.

 

Su vínculo con la madre parece ser más fuerte. La descripción que hace de ella sublima la posición de la mujer dentro de la familia: piedad, abnegación y paciencia. La madre es la constante del buen tino y la mojigatería. La imagen inmaculada y fuerte que ejerce su dominio de una manera muy sutil. 

 

Por otro lado tenemos las cuartillas que le dedica a su padre. El soñador erudito, el hidalgo pobre e ingenuo con una larga lista de antepasados ilustres. Es curioso el trato que da a este personaje. Los adjetivos no son tan “sagrados” como los usados para referirse a su progenitora, mas bien, “mi pobre padre” es una constante para describirlo. El pálido y delirante escribano parece enfrascado en las relaciones fantasmales con la herencia española que es el continuo blanco de su misantropía.

 

La familia es vista por el escritor como una  escisión cultural entre el origen español del padre y  francés de la madre, y esto le posibilita  dos percepciones distintas para desarrollar su trabajo artístico.

 

La España paterna impacienta no pocas veces al escritor. Para él, la Madre Patria, carece de glamour, pues no es más que un viejo paisaje pastoril que con un mal latín le dieron un idioma y una cultura a casi todo un continente. En cambio, la herencia franco hablante de la madre, posee un bagaje cultural que le atrae y alimenta sus fantasías, ya que descubre en ella la libertad y el esteticismo absolutos.

 

La educación sentimental

 

Siguiendo con la reconstrucción de escenarios de formación del artista, esta obra coincide con otras Blindungsroman en uno muy importante: La escuela.

 

La educación escolar casi siempre es descrita como un campo de entreno para el conformismo, El Despertar... no es una excepción. Gómez Carrillo lo describe como un lugar que supone un territorio hostil para su sensibilidad creadora. El espacio donde el artista es siempre el blanco seguro de la incomprensión del resto de compañeros y maestros.

 

Se define como un inadaptado. Abandona la escuela para comenzar el recorrido vital que lo lleva a emprender un viaje iniciático junto al a un amigo de adolescencia, el único mencionado hasta entonces, el hijo de un zapatero, a quien bautiza como Rinconete.

 

Me parece que de todos los pasajes de este libro, la fuga y la convivencia de los dos personajes por los caminos, buscando una nueva vida en San Salvador, es de lo más memorable. La riqueza descriptiva en cada uno de los escenarios de su aventura hace que esta parte del texto sea la más poética. No solo por el detalle sino por la revelación del mundo exterior que se abre ante los ojos del joven artista. Una capacidad de asombro que logra traducir con maestría, además de un extraño soliloquio sobre la situación de los indígenas en ese espacio rural que le era completamente desconocido.

 

Pero si existe un tema reincidente en esta novela es la seducción.
Gómez Carrillo deja visibles todas aquellas estrategias de seducción que descubre en esta etapa de su vida.

 

En la segunda parte del libro narra su experiencia como dependiente de un almacén, y la relación que surge con Edda, una especie de Madame Bovary con reflejos ibsenianos, que deja abierta la duda de si en realidad no se trata de un espejismo literario del autor. Una especie de sueño con Flaubert.

 

En este importante tramo de la educación sentimental, el ritual de la iniciación es casi siempre el punto central del relato. El salto hacia el lado simbólico del mundo adulto. La mujer madura lo aprisiona, mas su relación es ambigua y se triangula en contraposición a la imagen de la madre. Se trata de una mujer vampiro que irradia cierto campo magnético sobre él. Esta pasión establece el esquema de mujer europea al que responde con una especie de Síndrome de Estocolmo, el rehén que hace relación con su captora, pero dando la piedra de toque para inicia la confección de su alter ego y el proceso de su desbarbarización.

 

La Escritura (estrategias de seducción)

 

Me parece que el proceso que lleva a Gómez Carrillo a convertirse en escritor, no es el del debut del joven artista delirante y atormentado que vive, por y para, perseguir un ideal estético. La escritura es, en todo caso, la herramienta que necesita para seducir, es el espejo simbólico que aprovecha para desdoblarse y reinventarse.

 

La seducción es su ruta de escape. Pero el seductor es un animal celoso de todo aquello que en un momento pueda hacerle sombra o sea capaz de reducirlo y eliminarlo. Así el narciso que ha diseñado su propia imagen, reacciona instintivamente contra lo que osa competir contra el reflejo de ese espejo simbólico.

De ello que su despegue en la escritura lo inicie haciendo reseñas de sus primeras lecturas y desactivando todos los símbolos y referentes intelectuales que de inmediato se ciernen sobre él como presencias incuestionables.

 

El primero de sus objetivos, Don Quijote de la Mancha, es defenestrado por no ser más que uno de los somníferos ejemplos que nos ha dado la literatura española. Inicial de un catálogo de aversiones, del que no se libran ni Boscán ni Góngora.

 

Pero la estrategia de seducción de un escritor casi siempre busca el lado vulnerable de la tradición. Lo atrae la ruptura, ese decir lo que no se ha dicho y desenmascarar las falsas mitologías que arrastran con ella a todos los falsos dioses. Una hiperconciencia de su posición ante las miradas que lo complementan, los ojos de la historia, los ojos de quienes vienen tras él. En los últimos capítulos del “Despertar del Alma” se asegura el carácter mordaz y misántropo del cronista, sus armas las apunta al sujeto colonial por excelencia, el muy nacionalista, castizo y momiforme: José Milla y Vidaurre.

 

Para aquella época (y seguramente que también en la actualidad) perjudicar los ideales nacionales de identidad era penado. Sobre todo si los valores que atacaba eran los soportes de la Guatemala sin mancha mongólica, o sea, la patria ideal asentada en una extensión del dominio peninsular. Pero el joven Gómez Carrillo sabía que no hay nada como un escándalo, para catapultarse hacia la gloria literaria.

 

La polémica y su obsesión por singularizarse dentro del pobre medio intelectual de finales del Siglo XIX, llevan al joven escritor a trabajar en algunos periódicos. Tribuna donde logra hacerse de valiosos enemigos y peligrosos amigos, un trampolín ideal para dar su anhelado salto de la provincia hacia los centros.

 

El joven seductor despierta a su destreza cuando descubre que puede convencer a cualquiera para que cumpla sus deseos. Seduce a la madre, al padre, al hijo del zapatero, a su madura amante europea, a su tío, al más grande poeta del modernismo y al mismo Presidente de la República.

 

Las últimas imágenes que nos deja retratadas son las del Presidente Lisandro Barillas, dándole su beneplácito y otorgándole una beca para estudiar en Francia, y la del genial dipsómano Rubén Darío, que por entonces trabajaba con las prebendas del gobierno en un periódico llamado el Correo de la Tarde, aconsejándole que viaje a París y descubra por sus propios ojos la deslumbrante capital de la Modernidad.

 

Es claro que para alcanzar un espacio en el terreno ocupado de la literatura “universal”, para escapar del espacio asfixiante de un país arrinconado entre guacamayos y bananos, es necesario inventarse un linaje, abrirse paso hilando rumores, crecer ante los demás adscribiéndose como la opción exótica de un dandy de periferias. Creo que Gómez Carrillo se habría enamorado de Andy Warhol si hubiesen coincidido; le atraería mucho más el mundo de hoy, porque supo ser indiferente a su falsa profundidad, supo utilizarse y usar la literatura para gestionarse su propia imagen. Todo eso lo hace tan vigente y tan raro. Su obra no es la de un vástago de estas provincias, es la de un continuo extranjero. Y esta novela es el blindungsroman de ese espectáculo  que con tanta mala leche criticó el muy feo Cardoza, la abominable forma de la liviandad, que sin verdades escritas en piedra cortejan cosas efímeras que aún siéndolo se perpetúan.

 

Javier Payeras (Guatemala, 1974). Narrador, poeta y ensayista. Ha publicado Lecturas Menores (Ensayo 2007,32), Días Amarillos (Novela 2009,32), La Resignación y la Asfixia (poesía 2011,32), Soledadbrother (2003, adaptación al teatro a cargo de Luis Carlos Pineda y Josué Sotomayor, en 2013). Es antologador de Microfé: Poesía Guatemalteca Contemporánea (2012). Actualmente escribe en el blog www.javierpayeras.blogspot.com y en la columna de opinión “El Intruso” en el diario Siglo 21 en Guatemala. Contacto: javier.payeras.mcd@gmail.com

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