ANO 3 Edição 31 - FEVEREIRO 2015 INÍCIO contactos

Eduardo Mosches


POEMAS

PÁJAROS Y LUNARES

El otoño marca ternuras en sus lunares
observo sus formas
los dedos  escalan en la calidez de su piel
levedad
mi lengua se  entretiene en percibir  sabor
 en el mareo de los giros como el de este planeta
el sol del pubis
tibieza en mis dedos
lago  de calma     inicio del viaje

 

 Los lunares entretejen melodía en mis ojos
valle del descanso
empujo mi persona en su persona
ahondo  ahonda
                           miel de noche de otoño
 en las gotas de este verano interior

 

Los pájaros picotean  los granos
más allá de la ventana.

 

EL ARPA ENLAZA EL CIELO A LA TIERRA

 

Las dos manos entreabren sus dedos,
enhebran las primeras falanges a las cuerdas
 y enlazan  los sonidos a este telar de aire,
donde chisporrotean en el vibrar de nubes
a nivel de los ojos ,
 en resonancia  intensa juguetona ,
mientras el río discurre y nace
en medio de la habitación,
 inunda  los sentidos,
instaura  nuevos, mientras los dedos crean figuras  etéreas
hechas materia ligera: sonorizado aire,
en el deambular hipnotizado por la música.

 

El cuerpo de la arpista se mueve
al ritmo que cada arpegio crea la propia felicidad,
sus pies vibran y golpetean el suelo,
hace tierra la música en ecos de balsas soneras
que navegan el río ancho color madera seca,
 inundan  las aguas vertiginosas el cuerpo y las emociones
de aquellos que escuchamos,
crea otras felicidades .

 

Estas  cuerdas son portadoras de libertad,

 

NO ES MANÁ LO QUE CAE

 

A la memoria de los 43 normalistas desaparecidos  y asesinados de Ayotzinapa

 

Sopla el viento adusto en su frialdad,
los pantalones y camisas que penden de  los tendederos
se mueven  como en un caminar agitado de borracho,
las ramas se inclinan en un acto de casi sumisión
al embate húmedo de las  gotas gruesas
que derramarán los ruidos sobre la tierra seca y caliente.

 

No es granizo que cae
son cabezas cayendo ,
pegan  en el follaje de los árboles,
se abaten  sobre el techo de las viviendas,
se hunden con firmeza en la mezcla pegajosa de los basureros,
resbalan  y se sumergen en las ollas de guisado,
se  abrigan  y refugian angustiadas en las hojas de los calendarios,
algunos niños entre el  asombro y ferocidad juegan con ese balón de carne,
se maceran sin poder bucear en los ríos caudalosos
que  caen
 en las alcantarillas de alguna calle en la que todos viven.

 

Rebotan sobre la tela de los sentimientos de los que todavía caminan,
mexicanísima forma de morir y matar bajo el sol y  sin sombra ,
ruedan y ruedan como gritos que saltan desde las lágrimas  aéreas,
las cabelleras engendran delgadas colas de cometas, para ascender  lento
 y  caer desde el reclamo de la angustia.

 

Todo recién nacido en estos días, trae una cabeza bajo el brazo.

 

La sed del asco ha hecho eclipse en nuestro sol humano.
Las cabezas siguen cayendo.

 

Cada vez me cuesta más conciliar el sueño.

 

CUALQUIER ESQUINA

 

Las esquinas se pueblan de figuras
humanas y delgadas
ancianas que duelen
 con esa mano extendida
obtener comida  hacia la boca desdentada
( los recuerdos de una casa  )
la olla perfuma la mesa y sus sillas
 una sonrisa de verano

 

La mano en su cintura tensa de ánimo y baile
dedos labrando figuras en los granos de maíz
montículos de días maduros
y ceniza tibia
tantas arrugas hendidas en la piel 
 injertadas por el tiempo
 en los surcos de alguna sonrisa memoriosa
La mujer queda olvidada
en esa esquina
cualquier esquina de esta ciudad.

 

FUGACIDAD

 

Penden las estrellas
 como racimos cercanos a los ojos
pegados al deseo imposible de acariciarlas
la comba del cielo
 caverna aérea profundidad de lo oscuro
una suicidada estrella  se desbarata
en línea fugaz después de miles de años.

 

El mar susurra a la luz
en su caída
 cocoteros guardan  nubes de lluvia
escondidas  en el ovalado refugio verde

 

Plañideras por piratas en este mar caribe
mientras las naves surcan en los libros de historia
en la memoria de mis cuentos infantiles

 

La luna se ha ocultado
mientras los perros ladran
a la luz perdida.

 

CRECEN A PESAR DE NOSOTROS

 

Las uñas crecen con la precisión que el tiempo otorga
las podemos roer si cierto instante de angustia nos invade
pueden romperse en algún movimiento un tanto brusco
también pueden comenzar a cantar en la piel del otro
en ese instante en que el cuerpo  los cuerpos se atraen
giran susurran entre gotas que nacen de los propios ríos
surgiendo de las fuentes que el deseo hacia el placer formula
avanzan las uñas pintan un nuevo mapa que se extiende
lento entre los omóplatos  crea círculos íntimos
discurre el movimiento sobre esa columna formada de pequeños huesos promontorios de sensaciones
que han sido la base de hacernos bípedos
los muslos se empapan de uñas que se aplacan para transformarse en dedos circulantes
que acarician
pintan en un viaje de color blanco
intensos murales musicales
el sonido y susurro de los cuerpos.

 

El seno acaricia los labios en esa danza de lo meticuloso
el pene se convierte en vigía
aventurado viajero de lo que acontecerá
la lengua no discurre sólo canta sobre el clítoris
mientras el fuego nacido de leve chispa
agita
alza su cabellera se desparrama con el girar húmedo
como peces que salpican alegría
eslabones eléctricos sacuden los cuerpos
envueltos en su piel únicamente
torneados como recién nacidos
a veces flota
la carne  hay arrugas
el tiempo ha pasado y nos vuelve más cómplices.

 

Los cuerpos descansan
para seguir desnudos
las uñas siguen creciendo
a pesar de nosotros.

 

DEJANDO ATRÁS

 

La ciudad se cubre los ojos,
respira agitada entre el temor y la angustia.

 

Las nubes se llenan de pájaros oscuros,
revolotean sobre los cadáveres que van a existir.

 

La letanía de los mensajes penetra por las uñas,
se desliza a través de las venas,
surca el cuerpo afiebrando al miedo.

 

Huir de los otros cuerpos,
no acariciarse,
los ojos esquivos,
mirar ese otro cuerpo, los otros cuerpos;
las manos y sus pies
con las náuseas del posible sufrimiento.

 

Las lajas de los cementerios
cubren con pesadez
el espíritu de los vecinos.
Las bocas respiran a través del tejido,
no hablar no comer no besarse.

 

Los caballos atraviesan el horizonte a trote cansino,
pisan pesadamente en las osamentas de los deseos,
el cerrojo de las prohibiciones abre su boca ávida,
hundir los dientes, revolotean los vampiros,
las alas se llenan de tabúes,
mientras las sotanas marchan y marchan
al sonido de los tambores del pasado.

 

La ciudad y su gente se revuelve
arrullada por las hojas de los árboles afiebrados,
una nube abre su ojo y la lluvia humedece
los hombros las cabelleras los huesos los tejidos,
todo flota sobre ese río de las nubes.

 

El sol entibia los cuerpos,
el mío y el de ella,
y jugamos a la rayuela del no me importa
mientras las pieles se sonríen,
se rebelan pintando nuevas pecas gozosas,
componen la música de los susurros y quejidos,
dejan atrás las letanías de las prohibiciones.

 

EL RUIDO Y EL SILBIDO

 

Las hojas de mariguana se entremezclan
con el lento girar de manos
almacenando cortinas de pasado
entre las grutas del acontecer
teñido de colores y pimienta
enrareciendo las yemas de los dedos    
con la fatiga del amanecer envuelto       
en pieles frías
                     suaves tristes
sin haber podido embellecerse
con el sonido
                    flauta y requiebro
flama lenta y casi constante
de un encuentro.
El humo se despereza
entre pulmones y lápices
afiebrado espacio inmóvil
de una noche degollada
en el tic tac circular
de este planeta
encaramado sobre las espaldas
de un elefante.
La boca de la botella se encima en el respaldo
de los labios.

 

Una cita adormilada
cae en el ruedo
de toros degollados.

 

El vino desparramado
entre las sillas
se acuesta
a descansar del sueño.
Astillas atraviesan
las flores
mientras el polen
en pesadas nubes
se deposita
entre párpados cansados
un falo suspirante        
y las últimas noticias    
que no sólo trasmitió la vecina
sino el ruido acompasado
silbante
de un pulmón al ser
atravesado por la bala.

 

CONCIERTO

 

para Esther Seligson, siempre presente

 

La música desamarra
cajones de recuerdo
pan entre infancia y manteca
barriletes perdidos por azoteas vecinales
sonrisas descubiertas en los cabellos
              de mi   hermana
cruzan bicicletas en praderas de vaqueros
América grita y descubre a Colón
mi abuelo clava suelas de zapatos
escupiendo las tachuelas en ruso
se incrustan
en alguna calle perdida de los retratos
en el incesto muy deseado
         detrás de las cortinas
que alumbran combinaciones tatuadas
       en la piel
de tanta esquina envuelta en mis talones.

 

Recorrer del violín por los muslos del tango
manos acarician cortezas de niños
adolescente dibujo las caderas
en Susanas que siempre han dicho no
                   garganta eyacula veranos
incendio en las ingles
               mano de prima araña en mis raíces
y el sol con todo y rayos
humedece la espalda y una maceta
de sí mismo.

 

Entre arrugas
                    vulgar sismo de velas
miro a veces detrás de las respuestas.

 

NUBES Y BRUMA

 

Las nubes tejidas en
 deshilados grises amenazantes,
encaramadas sobre el cerro
picoteado por el tiempo,
 avanzo en  ascensión difícil;
la respiración se desgarra
a través de mis dientes,
los árboles y sus raíces aéreas
forman  figuras que entrelazadas ,
crean una especie de techo protector
de los rayos del sol,
los cuáles sólo se vislumbran  al iluminar el agua
del riachuelo que humedece las gruesas  piedras
de esa larga escalera
que nos dirige al cielo de la pirámide.

 

La bruma, especie de embrión de nube,
envuelve mi marcha hacia el encuentro
de lo desconocido pero deseado,
mis pies pisan con cierta firmeza suave
la piedra desgastada,
por otros tantos pies de caminantes,
que fueron  a la  búsqueda
de otras nubes y otra pirámide.

 

El sonido de voces humanas
entrega cierta calidez diferente
a la ascensión .
en  este espacio donde la historia y la naturaleza
han descruzado sus rodillas pétreas
para enlazarlas
a las nubes que viajan.

 

Hay ciertos gorriones que hacen verano.

 

Eduardo Mosches. Mexicano de origen argentino. Nació en Buenos aires en 1944. Vivió en Israel de 1963 a 1970. Tomó un avión en 1970 hacia Berlín, donde estudió   Ciencias Sociales en la Universidad Libre en, Alemania Occidental y se dirigió hacia Argentina en 1974. Después en 1976, se fue rumbo a México, donde entabló varios retos, entre otros el de estudiar Cinematografía en la UNAM. Reside en México desde ese año.  Fue coordinador editorial en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México(2002-2012). Fundador  y director de la revista literaria Blanco Móvil, desde 1985. Ha publicado los poemarios Los lentes y Marx, Los tiempos mezquinos,  Cuando las pieles riman, Viaje a través de los etcéteras, Como el mar que nos habita, Molinos de Fuego, Susurros de la memoria,  Avatares de la memoria (antología poética  1979-2006) , El ojo histrórico(2014) y el libro de prosa Caminos sin ruta. Ha colaborado en periódicos y revistas en México, Argentina, Alemania, Brasil,  España, Estados Unidos, Israel,  Italia, Chile, entre otros. Ha recibido varios premios nacionales como poeta y editor de revistas literarias. Ha sido traducido al alemán,  italiano, portugués, hebreo e inglés.

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