ANO 3 Edição 31 - FEVEREIRO 2015 INÍCIO contactos

David Cortés Cabán


EL TIGRE INVISIBLE, DE ENRIQUE HERNÁNDEZ-D’JESÚS

“Un Tigre sin abrigo no es un Tigre”
Enrique Hernández-D’Jesús

 

 

El libro de Enrique Hernández-D’Jesús, El tigre invisible, [1] toma como símbolo central de esta poesía la imagen del tigre; no del tigre de Blake, aunque el poeta haya recorrido los luminosos caminos de su poesía; ni el de Borges: “tigre de símbolos y sombras”; ni aquél que comienza: “El tigre está en la niña…” del poeta nicaragüense José Coronel Urtecho, ni el de Pablo Neruda, “Soy el tigre. Te acecho…”; ni el que “salta contra nuestros ojos…” del profundo y conmovedor paisaje de Vicente Gerbasi, ni el que aparece en el poema “Estival”, de Rubén Darío. Ni tampoco el que según la mitología china [El libro Ilustrado de Signos y Símbolos (México: Editorial Diana, 1997)], si “devora a un hombre, el alma de éste se convierte en esclava del tigre”. Pero nada de esto ocurre en El tigre invisible, pues sabemos que los conceptos antagónicos que funde el título y proyectan la imagen del tigre no se pueden tomar literalmente, como tampoco se puede tomar literalmente las cosas que suceden en la poesía. Aunque reconocemos que los acontecimientos sociales, políticos, históricos o pasionales a veces se convierten en la materia prima de ésta dependiendo, por supuesto, de las ideologías y las intenciones del escritor. El tigre de este libro existe sólo como la proyección de una idea; una metáfora cuya interpretación es un reto a nuestra sensibilidad y capacidad para aprehender el sentido intrínseco del poema. El tigre de Hernández-D’Jesús muestra otras características y encarna de un modo más sorprendente su presencia en el libro. Por ejemplo, el desdoblamiento del yo lírico refleja las coordenadas que entrelazan, de principio a fin, su voz en la imagen del tigre. Y es en este sentido que la multiplicidad de esas imágenes proyectan, como en una cámara fotográfica, los rasgos que lo caracterizan. El tigre es una “sombra” y “un alma inquieta”. Su instinto “no da paz ni sosiego”. Lleva música “entre sus garras” e “inventa historias de amor” pues “conoce las palabras y los misterios de la poesía”. Además, es irónico y amoroso, cruel y apasionado; se desliza por los espacios de la memoria; ama la libertad y la poesía que viaja en su misma piel. En el silencio de la noche el tigre ausculta el peligro y no vuelve su mirada atrás jamás. Va guiado por el presentimiento de una pasión que lo arrebata. Se rebela contra el miedo de perder lo que le pertenece. Por eso, rompiendo con los convencionalismos de la sociedad, le da lo mismo ir a “la barra de un bar” que a “un confesionario”. Ésta es la imagen del tigre de Hernández-D’Jesús. Una imagen descarnada y arrebatadora que nos lanza por los mundos de un tigre cuyos atributos humanos se funden con los del hablante en una unidad de variados tonos y contrastes:

 

SOSIEGO

 

La raya del Tigre sobre el escritorio
El instinto
cerca y se rebela
Sale a flote
No da paz ni sosiego
El mundo evidente
de igual forma
en el escritorio
le da por volar en los aires
en las estaciones

 

El bálsamo del cuerpo
detiene la raya del Tigre
El sosiego
así
es en el escritorio

 

La imagen de tigre-escribiente o tigre poeta es también la de un conocedor del ritmo y de la música de las palabras, del eros y los placeres del mundo. Es decir, de esa realidad que se transforma en la mirada cuando “se ve Tigre de veneración”. A medida que avanzamos en la lectura notaremos cómo el tigre vive la realidad que lo circunda. El lenguaje será el territorio donde conocerá su capacidad para convertirse en un tigre diferente a los que habitan la poesía y leyendas de otros escritores: “El Tigre invisible / nació / de la misma / concha de mango / Tarde / se da cuenta / de la muerte / Sobre / el / error / la mirada / la mirada de la piel". Sobre esa “mirada de la piel” sus actos romperán con todo tipo de solemnidad para abrir las puertas de la imaginación. Irónico y gozoso entrará el tigre al espacio que ha construido para contemplarse a sí mismo en la lucidez del lenguaje y del amor. El gusto por la cacería de palabras lo llevará a camuflar su cuerpo en la naturaleza que lo rodea:  

 

BATIDO POR EL VIENTO

 

El Tigre se arrastra de raíz al paso de
los escombros
y con una piedra en la boca
desorienta 
el pulso de las palabras confusas 

 

Las palabras sostienen el universo por donde entra y sale el tigre. En ellas se levanta contra la monotonía buscando impresionar con su conducta de tigre inconforme. Va tras la búsqueda de un cuerpo que provoque su ansia de amar: “En el Barco Ebrio cabalga / el Tigre Invisible / y con el cuerpo / jugado por las cartas / inventa la nueva historia de amor”. No sólo inventa nuevas historias de amor sino que la suya propia se funde en la enmarañada selva de otras historias de tigres. Por eso su imagen displicente es una de las tantas variantes de su vida, una aventura amorosa que lo fascina y conduce por extraños abismos. Hay que sentirlo, sin embargo, en la dimensión de este contexto y ver cómo se manifiesta mientras se desliza sobre el paisaje de estas composiciones.

 

El Tigre rechaza toda idea preconcebida del amor para descubrir en su interior el fuego que lo consume (“inventa la nueva historia de amor”). Ve en su realidad amorosa una especie de escritura contra la muerte, contra lo que asfixia el acto creativo, contra todo lo que impide su plena libertad: (“Buscó el destino / en la propia muerte / la ausencia y el sosiego / el alma perturbada / silencio”. En la palabra poética rompe con lo rutinario para escandalizar, para revelarse contra la domesticidad que lo agobia y para reírse de sí mismo buscando la novedad en la infinitud del lenguaje: “La palabra se oculta a sí misma / ¿No se da cuenta? / está desierta / en las calles frías”. El gusto por la palabra relampagueante presenta un paisaje abstracto ante los ojos del tigre: “La memoria no descansa / La vida corre sus riesgos / La poesía / taladra la palabra escrita / palabra de Tigre”. Estas mismas palabras proyectan su destino humano, su vocación de tigre. De hecho, crean la atmósfera y el escenario donde el Tigre practica hábilmente sus mañas de tigre. En suma, independiente de lo que digan, el tigre impone su presencia. Va tras la imagen insólita para reflejar su propia realidad: “A la vista de cada cual / las imágenes / ¿Son gustosas sin ser caóticas? / El Tigre siente / la tierra de nadie / No podrá volver atrás” (36,31), como tampoco volverán del pasado las que amaron o desafiaron al tigre, ni siquiera el recuerdo de aquel tigre-escribiente que en La difícil claridad [2] solía llevar un loro entre sus manos:

 

EL TIGRE INVISIBLE

 

Por tratar de andar con
el Tigre Invisible
olvidé la jaula de los loros
la arquitectura de sus saltos
Arropé las puertas de las viejas
casas
Un loro teje la sombra callejera
No es simplemente el desvarío

 

De un lado
oculté mis antepasados
escribientes de sentencias en
el mármol
Y del otro lado
a los dibujantes en la almendra del
árbol de los deseos

 

La distancia persiste ahora con diferentes impresiones. El indomable tigre camina marcado por los designios y sinsabores de la vida. Su memoria privilegia la experiencia de lo vivido con la emoción y nostalgia de una palabra liberadora. Y va en sus largas correrías tras el esplendor del amor y la incomprensión del entorno. Sustentado por la pasión y el deseo, busca en la escritura una respuesta que satisfaga su destino de Tigre Invisible. Busca la virtud de una palabra que fije el centro mismo de su existencia contra la dispersión y el olvido. Por eso el amor será esa imagen central matizada con una buena dosis de humor: “Se desnuda / se mete en la cama / muerde la almohada / la hace sangrar”, señala en estos versos; y en el poema titulado “Sus mejores lectores están por nacer”, concluye: “¿No / te / gusta / jugar? / Es / todo / lo que hay en la vida / tormentas / típicas: / entigradísimas”.

 

Hay que subrayar que el humor nos descubre otro de los rasgos de este tigre que se ríe de sí mismo y de la vida. No envanecido por el oficio de tigre-amoroso, de tigre-poeta, de tigre que pone sus garras sobre el primoroso cuerpo y goza de la carne y los placeres  del mundo:

 

NATURALEZA MUERTA

 

Es natural que guste tanto el gusto
Aborda la vida
El sabor 
sorprende la piel sensible
La piel cae
en sentido
inalterable
al fuego
Una
especie
entre
los
amantes

 

El Tigre perdió su cabeza
su aspecto y su fondo de intrigas

 

El Tigre invisible refleja una conducta que subvierte la realidad para exigirle otros caminos al amor y la vida. En este libro el poeta quiso proyectar los sentimientos y paradigmas del ser en la imagen de un tigre de cualidades humanas. No precisamente un tigre real sino de uno inventado por el lenguaje. Un tigre portador de sentimientos que, en cierto modo, caracterizan nuestra personalidad. De ahí que el tigre creado por Enrique Hernández-D’Jesús tenga mucho en común con las pasiones que todos sentimos. Pero invisible al fin, no podemos verlo porque viaja en nuestro interior. Para que el lector pueda comprender esta razón debe sentir la presencia del tigre que lo acompaña en el río luminoso de las palabras. 

 

NOTAS
Este trabajo ha sido modificado y los poemas aquí mencionados pertenecen al libro publicado por Monte Ávila en 2012, que reúne los siguientes poemarios del autor: El tigre invisible; La invisible tigresa; Encantadora de abejas y Piel de gacela.  La primera edición de El tigre invisible, contiene dibujos del artista Juan Manuel Ramírez, Bogotá: Ediciones Arte Dos Gráfico; Caracas, Fundación Esta Tierra de Gracia, 2005. 
El verso se refiere al libro La difícil claridad, publicado en 1999. 

 

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