ANO 3 Edição 22 - ABRIL 2014 INÍCIO contactos

ENRIQUE DE SANTIAGO


NADA DE LO DICHO AQUÍ ES REAL

NADA DE LO DICHO AQUÍ ES REAL

 

El Océano de pureza me dijo: “No alcanzarás tu deseo sin pagar por ello: en ti se halla una perla preciosa, rompe la concha”.
Rumi Diwan

 

El influjo

 

El arte a lo largo de su historia (que es la misma historia de la especie humana) ha buscado siempre expresar ciertos sucesos que le son significantes y así ser una suerte de catalejo para observar cada época, con su suma de registros que van desde lo cotidiano a lo universal. Desde el tiempo del paleolítico, el ser humano ha usado el arte para expresar sus sensaciones o sus pensamientos, ya sea desde el punto de vista secular, mágico o religioso, etc. Mi mirada con sus impresiones plasmadas al soporte, al igual que otros artistas no ha estado al margen de este influjo. A la vez que ni por muy superficial o banal que sea el cuerpo estético creado, jamás éste ha dejado de pertenecer a un sentir o idea que tenga correspondencia con la contemporaneidad en la cual le correspondió manifestarse.

 

Hoy como nunca, el arte ha experimentado una sucesiva transformación y se da el uso de diferentes medios para expresar, decir y comunicar una idea o sentimiento. Es como una especie de lengua viva, con sus argots, modismos, muletillas y puntos de adecuación en constante evolución según lo que el medio le demande, pero algo muy íntimo se conserva intacto en su fuero interior y cierta actividad artística mantiene su forma de relato inmutable, pudiendo en algunas ocasiones sumar algunas variaciones u omitir otras, pero manteniendo su lenguaje vernáculo, y se me viene a la mente el recuerdo de los "cagots" constructores de catedrales góticas, con su idioma arcano transmitido de generación en generación, que se preserva por la fuerza de su simbología arquetípica, la cual dicho sea de paso; es inherente a nosotros. Ese mismo idioma sígnico también se ha expresado el Romanticismo, el Simbolismo y por cierto el Surrealismo que toma al igual que estas corrientes del Siglo XIX y principios del XX (en el caso de los surrealistas) los signos antiguos con su poderosa carga simbólica- que por mucha presión que ejerce el medio socio-cultural actual con su nueva carga de nuevos signos- no se aprecia en el horizonte de la futura historia humana una fecha de vencimiento para este acervo arquetípico, ya que sería como intentar borrar el código genético de nuestro adn, pues mientras existan seres humanos estos significantes arcanos, estarán en nuestro inconsciente colectivo, ya sea en la superficie o en lo profundo del yo. El Surrealismo, ha tomado la posta en el relevo, en una carrera donde el hombre busca su propio conocimiento antiguamente perdido.

 

Los siglos XX y XXI, que me ha tocado vivir en parte, no han estado  fuera de esta influencia, en que lo exterior dialoga con lo interior dando como resultado en mayor o menor grado una obra que contiene una parte intima que se ve conjugada con otra influenciada por su entorno, de este devenir de intra-exo-estímulos desde donde se acciona el acto creador que se graba, estampa y fija en la tela, en la piedra, muro a modo de corpus compositivo, que se convierte en la nueva criatura que concluida, asoma para cobrar vida propia, separándose del artista y convirtiéndose en un eikon de características distintas (con nuevas singularidades-pluralidades) al interactuar con otro espectador que ya no es el artista, pues la visión del observador la transforma, la re-interpreta y la somete a un nuevo juicio donde la muta en su forma percibida, por efecto del proceso de  transferencia cognitiva modificable del mensaje, lo cual sucede en el espacio existente entre la obra y el sujeto observante. Pero pese a esto la obra sigue inmutable en su esencia, y así lo será siempre, aunque al verla con el tiempo, incluso para mí ésta me sea distinta, ajena, mejor o peor, pues ya no soy yo el que está presente en ella y ésta cobra vuelo propio y sus significantes ocultos (que no fueron visibles en el proceso creativo) asomen , lo mismo ha sucedido y con mayor potencia en el ojo del espectador que sólo la reconoce en su fase de término, entonces la obra en sus interpretaciones y en sus sensaciones originales, se ha quedado distante de sí misma en origen, y esto acontece generalmente al ser re-visitada. Esa es mi experiencia con mi obra, la que me deja de pertenecer al ser finalizada, entonces ella (la obra) me usa solamente como su vehículo motriz, una suerte de extractor de imágenes, con manchas, yuxtaposiciones y anhelos, para después abandonarme en el vacío que me empuja a generar una nueva ilusión.

 

 

Abrir la estrella

 

Una pieza         en el orificio de la torre
donde asoma el tridente sumergido del tiempo
entonces la novia baja las escalas      con cabellos de algas
envuelta en su luto transparente
que invita al vacío
pues la médula del vigía
se hunde entre tierras húmedas      y baldías.

 

El cuerpo estético

 

Primero está el vacío, desde donde comienzo a plasmar una urdimbre fenomenológica de aquello que no en gran medida no conozco, donde además no imagino que surgirá. Mi metodología de trabajo, es generalmente presentarme frente al blanco del lienzo sin ninguna idea previa, donde dejo que todo fluya, según estado de las emociones (que en algunos casos vira imprevistamente mientras el trazo surge) para así no dar opción a que la mente piense en una primera fase de la acción pictórica. Las formas, que serán espacios sin contención, junto a las formas que serán seres, sin identidad conocida (la deben tener) divagan en una zona etérea delimitada por mí, pero que es sólo un punto referencial, una geografía traída y convocada desde otro punto del inconsciente, pues esto seres o formas no pertenecen a este lugar, vienen de otra parte, están de tránsito, se asoman y nos observan a través del acto mediúmnico, y así al surgir nos interrogan, al igual que como nosotros, también les interrogamos para saber de su arquitectura delirante, pues esta ha brotado de la espuma oceánica de lo irracional. Bien mencionaba Eliphas Levi, cuando hacía referencia de los tres estados fundamentales para hacer contacto con la otredad, qué en primer lugar estaba el estado embrionario, el otro, el sueño y por último, el delirio. Es aquí que este último se hace presente para desbordar con su multiplicidad formal, pues no hay límite y no lo habrá mientras la sin-razón sea rectora y guía para encontrar lo maravilloso, aquella  alteridad que provoca la sensación de encontrar su propio universo oculto.

 

Mi obra habla de lo oculto, que es acosado por la actividad humana que lo nubla. La metáfora abre el universo a los ojos. La palabra que dicha con la intención humana la desvirtúa. Al manchar sucede un acontecimiento especular, se abre un universo interior que no conocemos… en la medida que sea ejecutada la acción con la mayor de las sinrazones, más gestual, contendrá una imagen que refleje su origen en una mayor profundidad del ser, y allí dialoga nuestro inconsciente con el consciente, en otro lenguaje; quizás el de los pájaros, ya qué no hay idioma conocido, sólo sensaciones y el ser se va sanando, suceden los milagros, pues viajas, vuelas lejos, y ella (la obra)  a veces debe volverse a manchar aunque no se tenga la certeza de aquello, se debe seguir el impulso, así funciona, es un salto de fe, en cada arremetida hacia la tela … hay que soltarse, con los minutos, con las horas, con los días, y todo empieza a reverdecer… Así lo veo y siento, allí está la nada frente a mí para desenterrar lo que previamente ignoro, una suerte de excavación en pos de los signos fósiles de lo cósmico desconocido, incluso diría qué lo que uno aporta es poco, solamente me debo estimular a manchar, a pintar… y todo sucede por sí solo, como dije con anterioridad; es mágico, es como danzar, como hacer música… como escucharla, por eso mismo he incursionado sobre estas partituras que intervengo mientras suena de fondo una banda sonora escogida o sugerida. En ese acto se borran los límites, me ensancho, me minimizo, me diluyo en el todo, es el no ser del Tao, para ser realmente, y comienzo a entender, en cada ocasión y en cada uno de sus capítulos, mi propia escalera de Jacob… a mi medida y necesidad momentánea. Al cabo de un tiempo, trato de sujetar sensaciones, darles un valor simbólico desde lo inmediato, pues como dijera Matta: "abrir el cubo y encontrar la vida" donde no se puede explicar esa vida tan infinita, entonces es menester sujetar partes, quizás partículas y traerlas, posicionar a la imagen que el todo intenta hacer emerger, sujetar la orilla del mapa surreal, fijando una silueta, una mujer, quizás sea la diosa, bañada por el éter que presentimos, con sus oleadas de iones cósmicos, (medibles), donde además se suman lluvias de energías astrales, invisibles, donde el color debe ayudar, poder sujetar cierto nivel perceptible, que sea de eslabón con otras formas en mayor o menor medida irreconocibles, hasta poder convertirse en una poliforme abstracción, heraldo de la región más ignota del universo-multi-universos. Todo esto se puede grabar en el lienzo, como un atisbo de esa sensación… la otra se queda en su dimensión invisible… por eso trato de construir a partir de lo reconocible, un mapa que lleve hacia su reverso, su (s) otra (s) forma (s) dimensional (es)

 

y no pronunciaste el nombre de la serpiente olvidada,
pues tu memoria es el sílice blanquecino del extravío,
era ayer, cuando develaste tus terráqueas humedades
bajo el signo fósil del espanto y de la noche
con su llave erguida,
simple como la palabra
que abre el tempano en su periplo náutico,
lejos del dominio magnético,
huérfano de eternidad
(fragmento de “Pájaros fragmentados”)

 

El cuerpo semântico

 

He meditado sobre este tema y he llegado a la idea de que todo lo que nutre conceptualmente mí obra, tiene su origen en las creencias públicas (la fe social y el pensamiento y sentir “natural” en su amplitud) y en la privada, ambas se conjugan con mi propio procesamiento de estas. En cierta forma es, en como el “Uno” influye en uno, así me ha sucedido, así sucede siempre. Es como nos disponemos a vivir y a aportar en nuestra historia, deseando que esa historia se desarrolle de tal o cual manera, dentro de lo posible, pues avanzar en un estado denso de externalidades, por cierto influye en nuestro propio estado vibracional y en eso consiste todo, en un intercambio simbiótico de vibraciones… existe el impulso inicial donde deseamos vivirla de cierta manera, pero la vida plantea su propuesta que se opone a la nuestra, lo mismo sucede en el lienzo, lugar donde se manifiesta la relación dialéctica del individuo con el todo. En cierta manera podemos determinar el destino de una obra como el de la propia vida y es cosa que nos vayamos por tal o cual derrotero, pero su resultante es indeterminada a priori, el devenir es-no es caótico y su final será dado por las diversas interferencias que se presenten en el proceso, una pintura puede ser una gestación breve, pero incluso en esa brevedad  es presa de las fuerzas vivas de la incertidumbre, analogía quizás de una “ephímera” alada o tal vez similar y prolongada como el reloj de un quelonio… allí los elementos externos que la habitan serán parte de la vida de la obra. A partir de esto, deduzco que su propia semántica es incierta, y dependerá del observador que sea capaz de unir, separar, discriminar los elementos conceptuales que habitan el cuerpo estético.

 

Elijo el silencio y los lugares vacíos, es una ceremonia de la memoria no-memoria, lo no recordado, la hora en que salgo del círculo, camino los no-lugares, y es cuando dispongo mi ser absoluto para estar o ir donde nunca había estado.

 

Intento transmitir el concepto de una instantánea cósmica donde convergen los aspectos unificados y mínimos de la unidad, es decir del todo que nos cruza. Aquello aparentemente útil-inútil que termina siendo contradictorio dependiendo de la unidad-tiempo en que sea retratada.

 

¿Adónde fueron las palabras que se dijeron? ¿adónde fue lo que hice? ¿adónde lo que pensé o sentí? tanto dicho y hecho olvidado-rememorado. Aquello dicho y no dicho, ambos se transforman en nostalgia y destiempo, réditos y débitos qué se reciclan, es la ley del cosmos, donde no hay asignaturas pendientes ni aprobadas, sólo silencios y palabras necesarias, donde sólo son… Así, es el poder del silencio, tan noble como la palabra, ya que la mudez habla por los ojos, así como el ruido de la tela entra por estos mismos ojos y se ha visto que pocos son los que saben interpretar el aleteo de la pupila… He preferido callar muchas veces, he decidido no hacer, para entonces entrar en el no ser, para ser más… y dejar que los nudos se desaten con los colores, los que me expresan de mejor manera, aunque no sean vistos, pero sí sentidos. Tantas veces no dijimos ni hicimos, a todos nos pasó alguna vez y quizás eso tenía su propósito, donde había alguna sabiduría contenida en aquella omisión, la que esperaba su momento cromático para expresarse. Puedo citar muchos ejemplos en mi vida en que así debió ser. Entonces oculto grabé mis palabras no dichas, en la pintura y la poesía, para así apartar el insomnio, la nostalgia o alguna insatisfacción de un ego que se resiste a la vida precaria de la realidad. Por eso la verdad está en los sueños, en el delirio y en los piélagos infinitos de surrealidad, donde todo es permitido y nada daña.

 

Estoy buscando mí hilo de Ariadna, que es más que construir y significar en una sola verdad, ya qué cada vez que vuelvo de un pasillo del laberinto entiendo que todo suma, que andar perdido no es perderse, que al perder todo lo que se tenía, se gana en silencio y vacío,  así se adquiere algo nuevo que eclosiona y descubre un nuevo estadio, un gran espacio para reconstruir y crecer… las palabras que no se dijeron, llegaron a su destino, pues nada está separado de su propósito y estas se las arreglan para ser oídas… pues las pinté, las hice poesía, y al hacerlo se grabaron en el universo.

 

Para mí, el modo de expresar en amplitud, es manifestándome desde la surrealidad. El Surrealismo llega a mi vida a mediados de los años 80 (sin saber que este era Surrealismo) antes practicaba la transvanguardia (que tiene su parentesco con el Surrealismo). Pero Fue mi búsqueda dentro de mí y de ese algo que me abriera mayores posibilidades, lo que permitió que diera con la pintura automática  y abstracta, (aunque ralenteada puede terminar siendo una imagen figurativa) la que me captura completamente, llegando a hacer y escribir algunos ensayos sobre ella y sus posibilidades, como la diferencia entre la surrealidad abstracta de Matta con Arshile Gorky y mi propio trabajo con el de ellos. Este encuentro con el automatismo psíquico fue para mí un bálsamo que me abre nuevas posibilidades dentro de la plástica y la escritura. Así, también desde hace un tiempo se han re-abierto otras posibilidades para expandir mi ser, dentro de las cuales podemos mencionar al delirio, la mediumnidad, la alquimia, el hermetismo, lo primitivo, lo ingenuo, el humor negro, lo absurdo, lo chamánico, el art brut, los mitos o la física cuántica, donde se puede decir; que los surrealistas buscan en toda la amplitud de lo maravilloso.

 

Final

 

Final que principia
hacia la medianía del silencio
cuando el ave parte el alarido lunar
donde se mencionaba tu nombre,
tu flora sempiterna en sus ciclos
con su magia del borde celeste
la hundida alegría antes del desplome
después del augurio
en su bendita hora ascendente.

 

Conclusiones irreales

 

La(s) verdad(des) ha(n) sido manipulada(s), ha(n) sido restringida (s) y sometida(s) a una sola mención, es decir, se la ha categorizado como “la verdad” y no se dice que cada verdad también tiene su opuesto y que ambos son verdaderos. Verdades que  hay que leerla entre-líneas, o leerlas inversamente, donde todo tiene su propósito, y que ante los ojos de (los) dios (es) -tomando la palabra elohim y los mitos antiguos- pueden ser buenos o no, pero siempre serán útiles. Solamente es preciso que el ser humano se adentre sin dogmas en el abierto universo de las posibilidades (verdades oprimidas o apócrifas) o a los derroteros de lo prohibido, pues es allí precisamente, en esa geografía donde subyace el vellocino que contiene la clave de la sabiduría (la que no debe asociarse obligatoriamente a algo ganancial o permisivo). Entonces no hay excusas, ni atoradas esclusas que no permitan el flujo de los efluvios multi-verdaderos que insuflan el alma, allí se puede encontrar de manera más potente, ese poder invisible que surge en el crisol, cuando aparece la imagen reservada al espíritu, en su momento pleno de misterios y belleza.

 

La incredulidad en el hombre, lo ciega y lo aleja del eikon manifestado, que tiene su origen primigenio a partir del logos (que siempre es una fracción en la obra), entonces,  reconocer una mayor porción comienza con un largo entrenamiento que se sostiene en el acto de observar en demasía (lo que conocemos como contemplación) Hábito que se ha ido perdiendo a medida que nos acercamos a nuestro tiempo.Hace unos 5 mil años, el ser humano vivía en mayor correspondencia con los poderes mágicos e invisibles, inserto en una cultura holística y en armonía con las potestades del Uno. Con los siglos fuimos perdiendo ese don, ausencia que se hace crónica con la llegada de la separación dualista entre res cogitans y res extensa.

 

Mi acción plástica está basada en el Uno, en lo indivisible, así las obras en cierta forma son más altas y anchas, más profundas, mas cóncavas y más convexas, pues así las he creado, así deben ser vistas. No sólo están compuestas de líneas o formas, de empastes o cromatismos, hay una superposición de los elementos que realiza la tarea simbólica y por ende, la fase comunicativa de su semántica (que inclusive se me hace difícil traducir a nuestro lenguaje de la palabra) Entonces dejo que ella se exprese por sí misma, que dialogue desde su propia hermenéutica, con su propia paráfrasis ontológica y su mudez estruendosa, en una y mil alegorías o ninguna (cuando lo alegórico no está contenido en lo calificable y reconocible) donde todo es tan real, precisamente por no serlo.

 

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